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El río. Una oportunidad para follar
Fecha: 29/05/2024, Categorías: Confesiones Autor: quemiedo, Fuente: CuentoRelatos
... esfínter. Notaba su dilatación, siendo agradecido. Percibí sus contracciones, y como mi mano se humedecía de sus flujos. Se había corrido con clase, sólo unos contenidos jaleos en mi oreja fue su aviso. Me dio la vuelta y mi espalda situándose en el frente de su cuerpo. Con su mano derecha empezó a masajearme y sacudirme la polla. Con frecuencia improvisada, o bien cambiaba el ritmo, o bien paraba para mi desesperación. En un momento atinó a dar dos tandas con decisión, maestría y fuerza, mientras un dedo de su mano derecha era introducido en mi esfínter. En nada, en el mismo instante, solté un chorro con una fuerza de asustar de semen. Me recordó a esas faltas que tan magistralmente lanzaba Roberto Carlos, Por un momento temblaron las cachas. La chorra seguía goteando. Me di la vuelta, la miré, ella también a mi. En silencio, sobraban las palabras, el órgano agresivo fue tornando a su estado habitual. Ella se quitó del todo en tanga que restregó contra su hachazo y acto seguido me acercó el tanga. - Toma, límpiate con mis bragas, son baratas, no son mis preferidas. Hizo con ellas un rebullo, tirándolas debajo de unos arbustos. El perro seguía sentado en espera, fiel, sumiso y sin decir ni Pamplona. Había sido espectador de lujo del polvo del año, tal como nosotros mismos reconocimos, eso sí, sin introducción. Volvimos para el pueblo, sin decir ni pio, callados, mudos. La única ...
... comunicación eran las miradas disimuladas y la tierna sonrisa de complicidad. En cierto momento me acerqué a ella, la di un tierno besito en la mejilla. Tómalo como agradecimiento, como reconocimiento, algo de amigos. Ella estaba guapísima, el encenderse le sienta bien. Al llegar a su establecimiento, ayudé a levantar la verja del establecimiento, preguntando si podía invitarla a un café. La cafetera estaba encendida, seria automática, delataba en pitorro rojo destellante. - Tomaremos café sólo. Tengo que ir hasta al almacén a coger una botella, ahora no me apetece, y tú estás seco - seguida de una carcajada sensual y golosa. En ese momento saqué de mi billetera dinero, tres billetes de cincuenta, creo, la miré a los ojos poniéndolos encima del mostrador. - Mira Lola, no me juzgues mal. Espera que termine. Es para que compres en esa mercería de enfrente un conjunto de lencería sugerente roja. Un día me llamas y te la veo y doy opinión. Bueno es tú elección. Recuerda que en estos momentos no llevas bragas. Apoyándome en el mostrador la atraje hacia mí, agarrándola de los hombros me acerqué propinando un beso de Hollywood con lengua. Girándome marché por donde había venido. No volvimos, al día de la fecha, a tener otro contacto. Sigo entrando en su cafetería, cruzamos con complicidad las miradas con sonrisa picarona. Ella tiene ahora un novio formal, y el perro siempre está muy zalamero conmigo.