1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (9)


    Fecha: 25/06/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... ahogado, el sombrero!
    
    — ¿Cómo así? ¿Necesarias para qué? —Se nota más altiva, más segura de sí misma, y más directa en sus respuestas.
    
    —Para que Nacho se enamorara de mí. —Le respondo en un tono suave pero pleno de sinceridad. Camilo sigue caminando a mi lado pensativo.
    
    ***
    
    ¿Enamorarlo? Me quedo de una sola pieza, abstraído aquí a un paso por detrás de ella, mientras dejan de transitar los vehículos y por un momento se hace silencio entre los dos, solo roto por el cotorreo de una pareja de loritos verdes apostados sobre un cable de la energía, –en un poste cercano– distanciados uno del otro, como ella lo está de mí.
    
    — ¿Y tú? ¿Cuántas veces lo has hecho con ella? —Le digo, reclamando su atención, casi llegando los dos a la esquina de la calle Breedestraat y en frente está el bar donde solíamos pasar algunas noches bebiendo algunas «Polar», para calmar la sed.
    
    — ¡Qué! ¿Con quién? ¿De qué hablas? —aquella aseveración me intriga, pero creo saber por qué y sobre quién.
    
    —De Maureen, por supuesto. ¿Existen otras más? –De una vez se lo pregunto pues necesito sacarme esa espinita. – ¿Te puedo invitar a unas cervezas? —Le consulto y antes de que me responda, me cruzo la calle dirigiéndome al lugar.
    
    —Ni una sola vez con ella... ¡Hasta ahora! Solo se ha quedado a dormir junto a mí, unas pocas tardes. Solo unas horas Melissa, nada importante. Es menor de edad todavía, a pesar de que en un mes cumpla diez y ocho. Y no, no he estado con otras mujeres.
    
    —Humm… ¿En ...
    ... serio? Tranquilo, si te quedaron gustando los virguitos por mí está bien, no pasa nada. ¡Fresco! Está muy claro que no me debes lealtad. —No dejo que me responda, subo los cuatro escalones de concreto y entro en el bar, para luego dirigirme al cantinero…
    
    —Bon tardi ¿Y dónde está Ernesto? —Pregunto al muchacho «buenorro» que atiende pues no lo veo por ahí y quería saludarlo.
    
    —Buenas tardes, señora. Ehhh, don Ernesto salió hace media hora. Pero no creo que demore en regresar. ¿Quiere usted que lo llame? —Me pregunta el cantinero de manera cordial.
    
    —No te preocupes bizcocho, muchas gracias. Solo quería ver como se encuentra. A ver, a ver… Necesito dos «Amstel» bien frías, por favor. —Le solicito sonriente y guiñándole un ojo.
    
    — ¡Claro que sí! ¿De cuál prefiere la señora? ¿Original, Oro o sin alcohol?
    
    — ¡Melissa!… No me gusta que me llamen señora, o… ¿Es que me ves muy vieja para ti? ¡Jajaja! —Y le extiendo mi mano para saludarlo. El joven se turba un poco pero sin dejar de sonreírme coqueto, me la recibe con algo de firmeza. Tiene las morenas manos algo húmedas y frías.
    
    —Creo que mejor sírveme dos de las que contienen zumo de limón. Y de nuevo muchas gracias, Dushi querido. —La cuestión es calmar la sed y no emborracharme para poder contarle con claridad a Camilo, lo que tanto desea saber.
    
    Solo quedan dos mesas libres, ubicada una cerca de la entrada y otra más en el fondo del local, con la suficiente privacidad para continuar hablando, –con la bandera de ...