1. Mi sobrino me ayuda y acaba metido en mi cama


    Fecha: 25/09/2025, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos

    ... y asumí que no volvería, una vez conseguido su capricho de follarse a su tía madurita.
    
    Sumida en un sentimiento de culpa por la connotación familiar y de torpeza por no haberlo previsto, me vi sorprendida cuando me abrazó por la cintura sin haberle oído llegar.
    
    —Hola tía —dijo besándome en el cuello y apretándome como si fuera un marido recién casado y llegara a casa después del trabajo.
    
    —¿Cómo has entrado?
    
    —Cogí un juego de llaves para no molestarte —aclaró sin dejar de besarme.
    
    —Que cariñoso vienes... —respondí echando la cabeza hacia atrás, riéndome de mis pensamientos negativos y feliz de sentirme abrazada.
    
    —Tenía tantas ganas de verte… —murmuró mientras yo le dejaba la marca de mis uñas en sus manos.
    
    Para confirmar cuantas ganas tenia, me giró hacia él, me levantó del suelo con sus manos abrazadas a mis muslos. En el aire, su boca devoró la mía, robándome el aliento y encendiendo en unos segundos la chispa del deseo en mi interior. No era una demostración de su deseo de verme, era un vendaval.
    
    Cuando me sentó sobre la mesa de la cocina, el sencillo vestido de verano que llevaba se subió, dejando al descubierto las finas braguitas que apenas ocultaban mi coñito y mis nalgas.
    
    De un tirón, arrastró mi vestidito hacia arriba y lo arrojó a un lado, sin titubeos, liberando mis pechos, dejando a la vista mis pezones erizados que rápidamente engulló en el calor abrasador de su boca, con una desesperación animal. Su boca se cerró alrededor de uno de ...
    ... mis pezones, succionándolo con brutalidad.
    
    Tras quedar un pezón devastado, se dirigió al otro, atrapándolo con la misma avidez sin dejar de magrear mi trasero. Se había olvidado de la dulzura, parecía como si fuera un premio que le había tocado en una lotería, o que, tras una mañana sin verme, se le había abierto el apetito, aunque eso no era hambre, era devorarme sin pedir permiso ni ofrecer tregua.
    
    Toda mi vida había necesitado juegos previos para desear el sexo, pero Alvarito consiguió acelerarme sin calentamiento. Le ayudé a bajarse los pantalones, le cogí sin reparo su enorme polla y comencé a pajearlo para ponerla a tono. Crecía por segundos y deseaba que me la metiera allí mismo. Qué verdad era ese dicho de que con buena polla bien se jode. Ya no era el momento de estrategias ni de fariseísmo. ¡Como lamentaba no haberme atrevido antes!
    
    Cuando metió la mano en mi coñito, se le humedeció inmediatamente.
    
    —Mmm. Estás calentita… —murmuró.
    
    Yo no sentí necesidad de excusarme.
    
    —¿Y qué esperabas? —respondí desafiándolo—. Te fuiste dejando el horno encendido.
    
    Sonrió orgulloso de su reconocimiento como buen panadero.
    
    —¡Tú no te has ido de mi mente en toda la mañana!
    
    Con un solo movimiento, tiró de la tela de las bragas, desgarrándola con facilidad y fragmentando la realidad en mil pedazos.
    
    —Álvaro… —mi voz se quebró cuando frotó mi clítoris, sin rodeos.
    
    Sin atender mi súplica, sus dedos entraron por mi vagina como si recorrieran un territorio ...
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