-
Mi sobrino me ayuda y acaba metido en mi cama
Fecha: 25/09/2025, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... tenía ningún plan alternativo y me sentía en deuda con él. Sin obviar que me encantaba ir al teatro y a musicales. —¡De acuerdo! Recógeme a las 7. Llamé a Elena para contarle la gestión de Alvarito con José Luis. —Ya puedes estarle agradecida, te ha ahorrado un montón de dinero. —Os estoy agradecida a los dos. Muchas gracias. —Su padre estaría orgulloso de él —añadió—. Anímate a venir a Denia. Tenemos que conocer a unos tíos buenos. Cuando colgué, caí en que no le había comentado la invitación al musical. ¿Mi subconsciente lo entendía como una cita? ¿Qué pensaría Elena, en caso de saberlo? ¿Era realmente una cita o simplemente aprovechar dos entradas que tenía? Recordé las salidas que habíamos hecho por motivos del piso, me sentía halagada, mimada, con sus detalles, como me ocurría en la adolescencia donde jugabas a coleccionar admiradores. En cambio, cuando lo hice protagonista de mi fantasía, lo que me inspiró más fue su interés en ayudarme, en protegerme. Tenía razón mi cuñada, tenía que pasar página del divorcio, no tenía sentido volver a lo que ya conocía. José Luis sería capaz de aguantar una semana, un mes, un año, pero volvería a las andadas y yo no soportaría pasar por eso de nuevo. Ya era el momento de conocer a algún hombre con el que salir a comer, o a Ikea como había hecho con mi sobrino. Desgraciadamente Álvaro no entraba en la categoría de ese tipo de hombre, no porque no lo fuera y mucho, sino porque nuestra relación familiar lo ...
... impedía. ¿Qué pensaría mi hermano si nos viera? Sin olvidar su asquerosa juventud. Según se acercaba la hora, comencé a sentirme nerviosa, incluso a la hora de elegir mi vestido. Me costó decidirme porque asistir a un teatro en la Gran Vía de Madrid requería un cierto atuendo, y a la vez, no quería parecer que me había esmerado demasiado. Elegí un mono negro que se ajustaba a mi cuerpo y realzaba las curvas de mis caderas. Dejaba un generoso escote que destacaban mis pechos, generosos, pero no ya tan firmes por lo que, aunque podría no usar sujetador, decidí ponerme uno de copa ajustada que reafirmaba mi pecho bajo la tela ligera del mono. Además, aparecer sin sujetador a una cita con mi sobrino hubiera parecido un poco descarado, una provocación que no quería insinuar. Me pinté un poco los labios, un rojo más intenso del que solía usar y dibujé una fina línea negra en el contorno de mis ojos. Alisé mi largo cabello. Me miré en el espejo mientras deslizaba las manos por la tela negra del mono, ajustándolo sobre mis caderas. El tejido se ceñía a mi figura como una segunda piel, algo atrevido sin ser descarado. Me giré lentamente para observarme de perfil. No era la clásica figura de talla 36 que dominaba las redes sociales, pero nunca lo había sido y mucho menos pasados los 50. Aunque no sabía sus preferencias, no se trataba de gustarle a él. Me veía elegantemente atractiva, y eso bastaba. Él apareció con chaqueta sin corbata, un aire de galán. No era excesivamente ...