1. El enemigo de mi marido


    Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    —¿Así estoy bien? —le pregunté a Alan.
    
    Di una vuelta para que me observara con atención. Llevaba un vestido sastrero gris.
    
    —Estás sencillamente perfecta —dijo él.
    
    Pareció tragar saliva. Estaba muy nervioso. Desde que me informó de esa reunión de negocios que lo estaba. No podía culparlo. Alan tenía una empresa de seguridad en la que contaba con cien empleados, incluyendo los administrativos. Pero el último año fue pésimo. Uno de sus principales clientes, una cadena de laboratorios, decidió rescindir el contrato. Lo malo de tener una empresa que ofrece servicio tercerizado es que el cliente puede hacer eso sin necesidad de dar muchas explicaciones. Ese fue el golpe más duro que recibimos después de haber perdido algunos clientes menores. En realidad, perder clientes no es nada raro, pero cuando no entran otros nuevos, ahí sí, la cosa se pone complicada. Desde hacía casi tres meses que teníamos al treinta por ciento de los empleados sin un puesto. Aprovechamos para otorgarles las vacaciones que se les debían, sobre todo a los empleados más antiguos que arrastraban muchas semanas en su haber. Pero eso no quitaba que había que pagarles el sueldo a una cantidad de empleados que no producían ingresos.
    
    Y ahora estábamos en la cuerda floja. Y es que los años anteriores no habían sido particularmente malos, pero tampoco particularmente buenos. Así que no teníamos grandes ahorros para sostener la empresa. De hecho, esos ahorros ya habían desaparecido. Luego acudimos al ...
    ... último recurso: un préstamo bancario. Los intereses eran altísimos, y ya nos estaba costando pagar las primeras cuotas. Lo cierto era que, si seguíamos así, en cuestión de un par de meses quebraríamos, dejando a muchas familias en la calle.
    
    Así que entendía su nerviosismo. El potencial cliente al que íbamos a ver, ese tal Lorenzo, era, casi con toda seguridad, nuestra última esperanza.
    
    —¿Ne será demasiado? —le pregunté después, señalando con la mirada mi vestido.
    
    Era de un color sobrio, y me llegaba hasta debajo de las rodillas. Me cubría los senos por completo. Era formal, sí. Pero también era bastante ceñido, dejando una silueta que quizás era demasiado sensual por tratarse de una reunión de negocios.
    
    Alan sonrió con tristeza.
    
    —Quizás… —dijo, dudando—. No. Está bien. Además, ya no hay tiempo para que te cambies.
    
    De pronto me sentí insegura. La seducción siempre era un arma de doble filo. Podía abrirte muchas puertas, sí. Pero también podía cerrarlas. Si la persona a la que íbamos a ver consideraba mi atuendo inapropiado, podría hacerse toda clase de ideas que lo llevaran a decidir que no era buena idea hacer negocios con nosotros. No obstante, la realidad era que el vestido no era exagerado. Quizás era mi propio cuerpo el que, con total naturalidad, solía hacerme lucir sensual casi con cualquier prenda que usase.
    
    De todas formas, era raro que Alan me respondiera así. Normalmente le gustaba exhibirme, fuera cual fuese la ocasión.
    
    Nos subimos al auto, y ...
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