1. El enemigo de mi marido


    Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... de esa pequeña pero linda pija.
    
    —Mostrame —me dijo Alan—. Mostrame cómo te tragas toda mi leche.
    
    Abrí la boca, mostrando el líquido blanco y viscoso que tenía en el interior. Después tragué todo. Volví a abrirla, ahora sin rastros del semen. Nunca había tenido inconvenientes en hacer esas cosas. De hecho, no entendía cómo algunas mujeres ponían tantos reparos en tragarse el semen. Era rico, y los hombres enloquecían cuando te veían hacerlo.
    
    —Me encanta que seas así —dijo, mientras yo le abrochaba el pantalón—. Una dama en la vida cotidiana, y una puta en el sexo —agregó después.
    
    Me alegró ver que su humor había cambiado. Ya estaba mucho más relajado. Listo para asistir a la reunión de la que dependía nuestro futuro económico.
    
    —Eso apenas fue el aperitivo —le dije. Después me acerqué, y le susurré al oído—. Cuando lleguemos a casa vamos a festejar. Y tal vez, solo tal vez… deje que me la metas por atrás.
    
    Alan Sonrió. Ahora ya no estaba solo relajado, sino que muy entusiasmado. El sexo anal era algo que dejaba para ocasiones muy especiales. Durante el año lo hacíamos dos o tres veces cuanto mucho. Para que yo accediera a eso no solo debía estar de humor, sino que tenía que prepararme físicamente para hacerlo sin que hubiera ningún inconveniente. Esa misma tarde me había hecho un enema. La verdad es que no lo disfrutaba particularmente. Pero para él era muy placentero. Creo que hacerlo por ese pequeño orificio le generaba la sensación de que tenía una verga ...
    ... realmente grande. Nunca se había mostrado con el autoestima baja por el tamaño de su pene, el cual, sin ser diminuto, era a todas luces más pequeño que el promedio. Pero no dudaba de que en muchas ocasiones se sentía mal por ello. No es que me gustaran los penes particularmente grandes, pero para gozar con plenitud necesitaba de, al menos, un tamaño estándar, cosa de la que él carecía. De todas formas, era un excelente amante. Con el sexo oral y con la ayuda de algún vibrador, siempre se las arreglaba para hacerme llegar al orgasmo. Después, con su verga, solo hacía la última parte del trabajo. Me la metía cuando ya estaba a punto caramelo, y eso nos generaba la sensación de que lograba hacerme alcanzar el clímax a base de penetraciones, cuando ambos sabíamos que eso no era cierto.
    
    En fin, lo importante era que nos lleváramos bien en la cama.
    
    —Espero que él pague la cuenta —dije, cuando llegamos al elegante restorán.
    
    —Supongo que así va a ser. Pero, en todo caso, uso la tarjeta. Tampoco podemos pasar por miserables —dijo Alan.
    
    Entramos al lugar en cuestión. Cuando lo hicimos, sentí su mano en mi trasero, frotándolo suavemente durante unos segundos. Era algo que hacía, según creía, cuando se sentía inseguro. Como si el hecho de confirmar que yo era su mujer, con ese gesto tan obsceno, le devolviera ese seguridad perdida. No me molestaba que lo hiciera. Me gustaba poner cachondo a mi hombre en todo momento.
    
    Un estirado recepcionista nos llevó hasta la mesa en donde ...
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