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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... momento había pensado echarle en cara el hecho de que me hubiera ocultado el hecho de que él siempre había sido el malo de la película, quien traicionó a su amigo hace muchos años; pero no tenía sentido hacerlo. —¿Qué pasó? —dije, controlando la ansiedad que siempre me generaba hablar con él. Me encontraba en mi oficina. Sentí un nudo en el corazón. Si se comunicaba directamente conmigo cuando ocurría algo grave, era solo por un motivo. —Uno de tus empleados, ese tal Melgarejo, resulta que tiene antecedentes penales —explicó. —Lorenzo, con todo respeto, siempre pedís personal de un día para otro, y hacemos lo que podemos. Melgarejo tuvo un excelente desempeño en las entrevistas. Ahora entró en un período de prueba, y tiene derecho a adjuntar el certificado de antecedentes penales a lo largo de estos meses. Pero si efectivamente tiene antecedentes, puedo sacarlo. Solo quiero que entiendas que no tengo una bola de cristal con la que puedo saber sobre la vida de mis empleados sin que ellos me lo hayan mencionado. —Claro que lo entiendo. El problema es que fue descubierto robando del bolso de una de las mozas del casino. El imbécil fue visto en cámaras. Esto es ...
... motivo más que suficiente para desvincularme de ustedes. Ya estoy teniendo entrevistas con otras empresas. Maldito hijo de puta, pensé. Estaba claro que durante todos esos meses estuvo esperando que se diera la situación adecuada para amenazarme nuevamente. Para orillarme hasta dejarme sin alternativas. —¿Qué querés que haga? —le pregunté. —Que vengas a mi oficina a la noche —dijo él. —No, a la noche no —dije, susurrando—. No tengo ganas de inventar una excusa a mi marido para salir —aclaré. Y luego de pensarlo un rato, agregué—: Voy ahora mismo para allá. Debe haber algún hotel cerca, ¿no? —Claro. Ya mismo me encargo. Y Dana, otra cosa… —¿Qué? —pregunté, exasperada. —Me encanta que seas pragmática en los negocios. —Buen eufemismo para decir que te encanta que sea tan puta —dije, y colgué. Luego fui a la oficina de Alan. Le dije que me sentía mal y que necesitaba descansar. —Claro, cuídate —me dijo, y luego agregó—: Te amo. Lo sabés, ¿no? —Sí, lo sé —dije. Salí de la oficina y cerré la puerta a mi espalda. Luego volví a abrirla, encontrándolo con la cara de perrito triste con la que sabía que lo había dejado—. Yo también te amo —le dije. Fin