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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... fuimos al restorán al que nos había citado. —¿Y por qué Lorenzo decidió que nos reunamos por la noche? —pregunté. No éramos millonarios, y en el círculo en el que nos movíamos las reuniones de negocios solían darse durante el día, en las oficinas del potencial cliente o en la nuestras. —No sé. Pero no me extraña que cada decisión que tome sea para dejar en claro quién tiene el poder. Sabía que Alan estaba muy contrariado con esa reunión. Y no solo era el hecho de que nuestra empresa podría llegar a tener una enorme dependencia de la empresa de Lorenzo, no. Él sentía cierta animadversión por ese tipo. Me dijo que lo conoció hace años. No entendí qué clase de relación tenían. Se mostró muy abstracto en ese punto, pero luego me confesó que habían tenido una ruptura que los separó para siempre. Estaba claro que para que hubiera una ruptura, su vínculo habría de ser significativo. Deduje que en realidad eran amigos, y que había pasado algo grave entre ellos. Cuando intenté ahondar en el tema, Alan me dijo que no había sucedido nada en concreto, sino que la actitud pedante de Lorenzo se había vuelto intolerable. No parecía estar mintiendo, aunque sí estaba claro que no me estaba contando toda la verdad. El día que hablamos de eso, vi un atisbo de vergüenza en su semblante. ¿Qué había pasado realmente entre ellos?, me pregunté. No obstante, lo alenté a dejar las viejas rencillas de lado. Además, si el otro había aceptado la reunión, era porque ya había dejado el pasado ...
... atrás. —¿Sabe de nuestros problemas financieros? —le pregunté. Era una pregunta que debí habérsela hecho hacía rato. Lo cierto es que no era una experta en negociaciones. Había comenzado en la empresa como secretaria. Mi relación con Alan fue el típico cliché del gerente con su secretaria, solo que nosotros de verdad nos enamoramos, y la cosa no quedó solo en lo sexual. Con el tiempo aprendí a tratar con los clientes, y conseguí a muchos de ellos (incluido el laboratorio que ahora nos dejaba al borde de la quiebra). Pero los negocios nunca fueron lo mío. Había mandado el currículum solo porque, a mis veinte años, estaba sin empleo y no tenía idea de qué hacer de mi vida. Años después Alan bromearía con el hecho de que había recibido a muchas postulantes mucho más calificadas que yo, pero que no pudo evitar escogerme a mí, por ser la más bonita. Eso me generaba sentimientos encontrados, pero con los años pude aprender a no depender más de mi linda cara y de mi terso trasero. —No lo sé. Es probable —me respondió Alan—. Pero, aunque no lo supiera, su posición de poder en esta negociación es clara. Los casinos son enormes. Y su sociedad cuenta con diez de ellos, si no me equivoco. Aunque no pretenda contratarnos para todos ellos, seguramente la cantidad de vigiladores que solicite serán unos cuantos. Diez o veinte cuanto menos. Eso pone a una empresa pequeña como la nuestra en desventaja. Puede regatear el precio. De hecho, casi seguro que lo va a hacer. Vi que la vena ...