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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... mujer —le dije, para luego apretar su verga—. Dejalo que mire. ¿A nosotros qué nos importa? Para mi sorpresa, Alan apartó mi mano. Tenía el ceño fruncido. —No me gusta que te mire así —dijo, y no habló más en todo el trayecto. Nuestra frecuencia sexual disminuyó considerablemente. Pero eso no era lo que más me preocupaba. Lo peor era que sentía que la calidad del sexo había desmejorado. Incluso en una ocasión Alan no pudo lograr endurecer lo suficiente su verga como para penetrarme. Hice de cuenta que no pasaba nada. Le dije que de seguro estaba cansado y estresado. Pero sabía que fue un golpe duro para él. Ya de por sí habría de ser difícil tener un miembro viril pequeño, y si encima ahora no funcionaba como debería, sería un golpe al ego muy fuerte. Pero eso ocurrió solo una vez. Lo que no significaba que nuestra vida sexual estuviera mejorando. Alan me cogía como si sintiese rabia al hacerlo, y acababa pronto, casi siempre llegando al clímax él solo. Creo que yo misma no alcanzaba a comprender que nuestro matrimonio se estaba desmoronando. Comprendía que atravesábamos una crisis, pero no asimilaba su gravedad. Por suerte en la empresa nos llevábamos en general bien. Aunque ahora parecíamos más que nada socios. La sensualidad que solía surgir a veces, cuando él me manoseaba en la oficina, o cuando teníamos sexo sobre el escritorio, cuando todos los empleados ya se habían ido, había quedado en el pasado. Pero yo estaba convencida de que solo era una ...
... crisis pasajera. Ya volverían los buenos tiempos. Sin embargo, Alan estuvo raro durante unos días. Y cuando digo raro me refiero a que estaba de buen humor. Eso me alarmó. Debería hacerme feliz verlo bien, pero me daba cuenta de que yo no era la causa. Así que un día simplemente decidí revisar su teléfono. Nos estábamos preparando para salir a una cita a la que me costó mucho convencerlo. Hacía rato que no teníamos un momento romántico juntos. Cuando se metió en el baño, aproveché para husmear en el aparato. Ahí estaba todo, sin que siquiera el imbécil se hubiese molestado en cubrir sus huellas. Obvio que conocía su contraseña para desbloquearlo. No era estúpida. Como suelen decir, el que busca encuentra. Y yo encontré la conversación con Carolina. Una veinteañera de senos gigantes. Leí todo lo que pude, descubriendo mensajes subidos de tono que claramente evidenciaban una traición. “¿No tenés una foto sin la pollerita?”, preguntaba Alan. A lo que la cuasi adolescente respondía con risas. Alan le había respondido una historia en donde la chica salía con una ropa muy sensual, de ahí su pregunta. —Así que Carolina, ¿eh? —le dije, cuando lo encaré. Nunca estuve tan enojada. Y no solo estaba furiosa por la traición, sino por el hecho de que me hiciera lidiar con ella, casi como si se hubiera quedado expuesto a propósito. Le dije de todo. Estuve durante minutos gritándole, echándole en cara lo mal que me estuvo tratando en el último tiempo, lo hipócrita que era estando tan ...