-
El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... Lorenzo en el pasado? Puede que fuera una pregunta incómoda, pero era una pregunta que tarde o temprano debía responder. Y creí que lo mejor para los dos era que lo hiciera lo antes posible. —Éramos amigos —dijo. Eso ya me lo suponía. Pero faltaba la otra parte de la historia. Las más importante. ¿Por qué se habían peleado?—. Cuando éramos más chicos. Antes de conocerte… Cuando teníamos veintiún años… me acosté con su novia. Lo miré a los ojos, con el ceño fruncido. —¿Te cogiste a la mujer de tu amigo? —le pregunté. —Sí. Esa es la versión corta. Me cogí a la mujer de Lorenzo. No era tanto la anécdota lo que me estremeció. Muchas personas hacían estupideces cuando eran jóvenes. El tema es que eso no concordaba con el Alan que yo conocía. Además, ¿por qué nunca me había contado algo como eso? Sentí que, por más que me doliera, me veía obligada a reconocer que no conocía a mi marido tan profundamente como creía. …………… En los siguientes meses nuestra vida cambió considerablemente. Pero sobre todo, Alan cambió. Solía estar de mal humor con mucha mayor frecuencia que de costumbre. De hecho, antes era una cosa insólita verlo de mal humor, y ahora era lo más común. Sabía que su cambio tenía que ver con nuestra asociación con Lorenzo. Su examigo era en extremo demandante. Tal como lo habíamos vaticinado, nos trataba más como empleados que como socios. Siempre nos exigía cambiar a algún vigilador porque, según él, no estaba bien aseado o por cosas igual de ...
... insignificantes a esa. Ya habíamos tenido que prescindir de varios empleados por sus exigencias. Y lo peor era que en menos de medio año de que empezáramos a trabajar juntos, ahora el cincuenta por ciento de nuestros ingresos dependían de él. Habíamos perdido algunos clientes pequeños en el camino, y Lorenzo nos contrató no solo para más puestos en los casinos, sino en otros negocios que tenía. No es que nuestro vínculo comercial fuera del todo negativo. Lorenzo pagaba todos los meses religiosamente. Pero, sin decirlo de manera explícita, siempre nos recordaba lo dependiente que éramos de él. Si un día decidía dejar de contratarnos, inmediatamente nos iríamos a la quiebra. Habíamos pagado buena parte de nuestras deudas, pero otras tantas seguían acumulando intereses, no teníamos un peso de ahorro, y seguíamos sin acceso a crédito. No estaba segura de qué era lo que perturbaba más a Alan. Lorenzo nos llamaba casi todos los días, por una cosa o por otra, y siempre que terminaban de hablar, por más que no se tratara de una conversación densa, parecía irritado. A veces era yo la que llamaba a la oficina de Lorenzo, más que nada para ver el tema de los pagos. A pesar de que no era necesario que hablase con él directamente, siempre me atendía, y se mostraba muy simpático. Alguna que otra vez habíamos ido a su suntuosa oficina. —Cómo te miraba, eh —me dijo Alan en una de esas ocasiones, cuando volvíamos en el auto. —A lo mejor fantasea con vengarse de vos y cogerse a su ...