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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... lo que implicaría despedir a todos nuestros empleados. —Lorenzo. Esta es una decisión muy importante para que la tomes en caliente, cuando el problema recién sucedió. Desde ya te prometo que voy a despedir a ese vigilador, pero al menos esperá un poco para rescindir nuestro contrato. ¿Podemos vernos y hablar tranquilamente? —Ahora estoy en mi oficina, pero no creas que vas a poder convencerme —dijo—. Tenés media hora para estar acá. ¿Media hora? Ni siquiera tenía tiempo de cambiarme. A la mierda, me dije. En todo caso le diría que salí de una cena programada hace mucho tiempo, solo para verlo. Eso debería jugarme a favor. Me pedí un taxi. Pensé en lo curioso que era que estuviera trabajando a esas horas. ¿Sería debido a lo que ocurrió en el casino? Lo dudaba. Lorenzo tenía intereses en múltiples negocios, así que supuse que eso haría que tuviera que ir a la oficina en días no laborales. Su cuartel general no estaba en ningún casino. Alquilaba un piso en un moderno edificio de Puerto Madero. El guardia de seguridad me abrió la enorme puerta cuando llegué. Se quedó atónito al verme. Su mirada se fue indiscretamente a mis senos. No era de mi empresa, por lo que era natural que no me conociera. Mis empleados disimulaban mejor al encontrarse conmigo. ¿Pensaría que Lorenzo había contratado a una prostituta? No me nació reprender al tipo, aunque en otro momento lo hubiera hecho. Ahora estaba preocupada por evitar que la empresa se fuera a pique. Ni me molesté en ...
... avisarle a Alan. Seguía furiosa con él. De hecho, prefería no verlo en ese momento, aunque suponía que cuando viera la llamada perdida de Lorenzo, le devolvería el llamado y este le diría que yo había ido a su oficina. Pasé por el molinete, no sin percatarme de la insistente mirada del vigilador, que parecía hipnotizado por mi trasero. Entré al ascensor, y me miré en el espejo que había en sus paredes. Me veía bien. De hecho, me veía espléndida. El problema era que no era el aspecto de una mujer que iba a una desesperada reunión de trabajo. Los zapatos de tacos altos hacían que mis piernas se vieran increíbles. El vestido era tan corto que apenas cubría hasta un poco por debajo del trasero. El pelo estaba atado en un rodete, lo que generaba que mi cuello luciera elegante. Dos aros grandes y un collar dorado era lo que terminaba de darme ese aspecto de escort de lujo. Llegué al piso, y toqué el timbre. No podía asegurarlo, pero en todo el edificio no parecía haber nadie más aparte del vigilador de la entrada y del propio lorenzo. En efecto, fue él mismo quien me abrió la puerta que daba directamente a su oficina. —Perdón que venga así, pero no tuve tiempo de cambiarme —fue lo primero que dije. —Pero si estás perfecta. ¿Por qué te disculpás? —dijo él—. Veo que Alan no va a formar parte de esta reunión. Mejor así, porque no creo que su presencia sume algo. —Quizás se nos una después —dije, poniéndome de repente a la defensiva. Entré a la oficina. A pesar de que ya ...