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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... la conocía, no podía dejar de fascinarme por lo imponente que era. Era más amplia que el departamento que compartía con Alan. Había un living con sofás Chesterfield de cuero y una coqueta mesa en el medio. El piso era de un reluciente mármol beige. En un extremo, después de un escalón, estaba su escritorio. Un mueble circular que separaba su exquisito sillón ejecutivo de las sillas que estaban del otro lado. Era como si con ese mueble dejara en claro que quien fuera que se sentase frente a él, no era un igual. Lorenzo tenía un ego desmesurado, pero tenía que reconocer que contaba con motivos para ser así. Hasta donde sabía, su familia era de clase media, tirando a baja, por lo que todo lo que había conseguido había sido por su cuenta. No dudaba de que estaba metido en negocios no muy legales que digamos, pero eso no quitaba que había construido un imperio de la nada. Muchas veces me encontré admirando su enorme ambición. Para mi sorpresa, no se sentó detrás de su escritorio, sino que me indicó que me sentara en uno de los sofás del living. Cuando crucé las piernas, supe que durante un instante había dejado a la vista mi ropa interior. No me importó. De hecho, deseé que me haya visto. Él se colocó a mi lado. —Mirá, Dana, acepté esta reunión por cortesía. Pero cuando se trata de negocios, suelo ser firme. Cuando algo no funciona, hay que cortar el problema de raíz —dijo, con su voz rasposa y masculina. Estaba vestido con un impecable traje azul marino, y una ...
... corbata de seda del mismo color. Supuse que era Armani. Costaría más de lo que Alan y yo ganábamos en un año. —Vamos, Lorenzo, no seas inflexible. ¿De verdad vas a juzgar nuestro desempeño como empresa por un hecho aislado? —dije, aunque ya sospechaba que no lo iba a hacer cambiar de opinión con tanta facilidad. él tenía razones para estar molesto, pero lo que le había dicho era cierto: no podía juzgar nuestro profesionalismo de los últimos seis meses por lo que había hecho el idiota aquel. —Es que no es un hecho menor. Y no creas que tus empleados son tan eficientes como creés —dijo él—. En fin, no quiero hacerte perder el tiempo, ni crearte falsas esperanzas. Esta asociación con Alan termina hoy. Con qué facilidad este tipo con ese elegante traje puede destruir a tantas familias de un plumazo, pensé, asqueada. Pero también noté algo. A pesar de que hacía todo lo posible por mostrarse como un profesional, como un gerente frío y experimentado, sus ojos no dejaban de dirigirse a mis piernas y a mis tetas. Me deseaba. Eso era obvio. Y era muy probable que el hecho de que fuera la mujer del hombre que en el pasado le había quitado a su pareja, le generaba un morbo especial, como así también un sentimiento de revancha. —Entonces, ¿es el fin? ¿Así de fácil? —pregunté. Separé mis piernas, y volví a cruzarlas, en un movimiento lento que indefectiblemente atrajo su atención. Me pareció notar que durante un instante contuvo el aliento. —Dana, esto no es personal —dijo—. De ...