1. El enemigo de mi marido


    Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... estaba sentado solo un hombre. Me sorprendió que no fuera con nadie más. Se trataba de un hombre de pelo cortísimo, de piel bronceada. La mandíbula era un tanto cuadrada, y tanto esta como los pómulos eran afilados. Tenía una mirada increíblemente intensa, que se posó en mí por un tiempo que me sorprendió, dadas las características de esa reunión. Pero luego la desvió a mi marido.
    
    —Alan, querido —dijo.
    
    Se puso de pie para estrecharle la mano. Me percaté de que era muy alto, quizás alcanzaba los dos metros. Además, debajo de ese impecable traje que costaría una fortuna, se notaba que estaba en excelente estado físico. Tenía una sonrisa de perfectos dientes blancos. En cuanto a lo físico parecía lo opuesto a Alan, quien era un rubiecito lindo pero un tanto desgarbado. Lorenzo era el típico macho Alpha. Con solo verlo se notaba. Y estaba terriblemente bueno, para qué mentir.
    
    —Ella es Dana —me presentó Alan—. Además de ser mi mano derecha, es mi mujer.
    
    Extendí la mano para estrechársela, pero él se inclinó y la besó, en un gesto tan anticuado como encantador. Vi de reojo Alan. No me cabía dudas que no le había gustado, pero por suerte lo disimulaba muy bien.
    
    —Como siempre, querido —le dijo a mi marido—. Exquisito gusto cuando se trata de mujeres.
    
    Esta vez Alan se sonrojó levemente. Estaba claro que no solo era una felicitación, como pretendía ser, sino que era un halago hacia mí. Y eso que la reunión recién empezaba.
    
    Por suerte la cosa no fue a ...
    ... mayores. Supuse que era de esos tipos que no podían evitar señalar lo bellas que eran las mujeres que tenían en frente, como si su opinión importara. Aunque he de reconocer que en el caso de él sí me resultó halagador.
    
    Después de una introducción, Lorenzo dijo:
    
    —Bueno. La cosa es así. Una de las empresas de seguridad que trabajan con nosotros, acaba de actualizar su precio. Normalmente no tenemos problemas con eso. La seguridad es lo principal en nuestro negocio. Pero los empleados de esta empresa cometieron ya muchos errores que no viene al caso mencionar. La cuestión es que, en este contexto, abonar ese aumento que pretenden resulta absurdo, por lo que simplemente decidimos deshacernos de ellos.
    
    Sentí la tensión en el aire. Yo misma estaba tensa. Entendí que ese tipo no nos veía como futuros socios, sino como potenciales empleados. En caso de cerrar un trato con él, probablemente nos salvaríamos, pero estaríamos muy vulnerables. Eso en realidad ya lo sabíamos, pero ahora que lo escuchaba hablar me daba cuenta de lo contraproducente que podría ser trabajar con alguien como él. Con la misma facilidad con la que había decidido deshacerse de la otra empresa, podía hacer lo mismo con nosotros. En ese caso estaríamos perdidos. Pero la triste verdad era que sin él, de todas formas estábamos perdidos.
    
    —Entiendo —dijo Alan, mostrándose impasible, aunque sabía que se sentía como yo—. Pero mi empresa no se caracteriza por ser la más barata, sino por prestar un servicio de ...
«12...456...19»