1. La Vecina es la Perra de la Fiesta


    Fecha: 10/11/2025, Categorías: Sexo con Maduras Autor: el Bardo, Fuente: TodoRelatos

    ... le guste que bailes conmigo... eres un niño.
    
    -Mi tía está con los vecinos y su marido con sus amigos, no parece que venga luego a bailar con usted... vamos -Estiró la mano hacia ella.
    
    “No parece que venga luego a bailar con usted” resonó en la cabeza de la mujer e incluso, para ser sincera, dudaba que aceptara bailar con él.
    
    Pero con Martín... con Martín podía ser distinto. Tragó saliva, dejó el paño de cocina de lado y tomó la mano del muchacho, quien comenzó a dirigirla hacia la sala del comedor, la más oscura. Necesitaba algo de combustible, por lo que aprovechó una de las copas con champagne que se encontró de camino y se la bebió al seco. La música retumbaba en sus oídos, poco y nada podía ver a los alrededores, eran solo sombras contoneándose al ritmo de la música... en un abrir y cerrar de ojos ya tenía sus brazos entrelazados alrededor del cuello de ese muchacho que le sacaba buena altura, su cuerpo comenzó a contonearse y a disfrutar.
    
    El muchacho ni percató del momento en que ella ya no tenía sus brazos entrelazados en su cuello, simplemente giró y comenzó a contonear su culo al ritmo de la canción, arrimándolo peligrosamente hacia su bulto y sobajeándolo con violencia, incluso ese vestido negro se le subió y el muchacho notó como tenía enterrada una diminuta tanga negra de encaje en su bonito culo. Luego se enderezó, quedó frente a él y se contoneó, cantando la canción que sonaba. La oscuridad le daba a la mujer un amplio margen de maniobra y que hizo ...
    ... que no llamara la atención del resto, a pesar de eso, sentiría una profunda vergüenza en los próximos minutos al recordar lo que había hecho.
    
    Pero es que ese muchacho la estaba encendiendo de manera peligrosa y en su propia casa.
    
    Bailaron bastante, o eso creía él, la realidad es que no fueron más de diez minutos de intenso perreo por parte de ella. Martín debió irse hacia esa mesa del comedor arrimada a la pared, para servirse un vaso de agua con hielo. Hacía frío, pero su cuerpo estaba hirviendo y sentía su calzoncillo mojado, estaba soltando liquido por la excitación y tendría que llegar a la casa pegarse flor de paja. Se bebió el primer vaso de agua al seco y miró a los alrededores, notando que ya no había señales de Romina. Pero sí que las había del resto de personas de su interés.
    
    Su tía bailaba con un muchacho joven y bastante agraciado de la firma de abogados del marido de Romina en la sala principal. Obviamente debió parecerle atractivo o no lo hubiese tenido en cuenta, pero mantenían una sana distancia. Bailaron, incluso se sonrieron y compartieron algunas palabras, pero siempre con la debida distancia, a pesar de algunos avances de ese muchacho que terminaron en fracaso. Eso mantuvo tranquilo a Martín.
    
    Cerca de su tía, su vecina Natalia Nazal bailaba haciendo unas especies de saltitos que hacían que sus grandes tetas se sacudieran contra el torso de su marido, Alfredo. El pobre parecía incomodo y algo le decía a su mujer, y parece que surtió efecto, porque ...
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