1. La sumisión de Claudia, Cap. 8


    Fecha: 15/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos

    ... Sam la obligaba a usarlo, pero también amortiguaba todos los sonidos que hacía. La abrochó firmemente en su sitio.
    
    Estaba casi lista. Cogió la venda para los ojos y la miró por un momento. Era sólo un trozo de tela negra, gruesa y suave, pero añadía un poco más de riesgo. Mientras la tuviera puesta, no podría ver nada en absoluto. Se encogió de hombros y se la puso, anudándola con fuerza. La siguiente parte no fue difícil. Agarró la cadena que colgaba del cuello y deslizó la mano hacia abajo hasta llegar a las esposas. Se puso de rodillas y se la puso entre las piernas con una mano, buscándola detrás de ella con la otra mano. Una vez que la agarró, la levantó y puso la mano libre detrás de ella. La cadena ahora le hacía cosquillas en la parte interna de los muslos.
    
    Se puso una de las esposas en una muñeca. Todavía no estaba completamente indefensa y se mantuvo al límite por un momento, saboreando las sensaciones. Su corazón latía con fuerza y ya estaba mojada. Tiró de la cadena hacia arriba, hasta le que tocó apenas los labios del coño. Sam había elegido personalmente la cadena y los eslabones eran grandes, fríos, lisos y duros. Se estremeció. Dudó. ¿Había echado el cerrojo a la puerta? ¿Estaban todas las ventanas cerradas con seguridad? Pensó en todas las cosas que le podrían pasar si algún intruso entraba y la encontraba así. ...
    ... Volvió a temblar.
    
    Se puso la otra esposa en la otra muñeca y tiró de la cadena hasta que casi le dolió. Ya podía sentir un hilo de saliva en la barbilla. Sentía la piel caliente, los pezones hinchados y sensibles. Deseaba que Sam estuviera allí para chuparlos… o hacerles cualquier otra cosa. Comenzó a girar las caderas, sintiendo la cadena deslizándose hacia adelante y hacia atrás. Se imaginó a Sam mirándola con esa mirada hambrienta, empalmándose por ella.
    
    Su imaginación tomó el mando. Ahora no era Sam mirándola, sino varios hombres, todos desconocidos, de pie a su alrededor, mirándola. Tal vez uno de ellos tuviera un pequeño látigo que usaría en su trasero si ella se negaba a montar un espectáculo para ellos. Tiró de la cadena con más fuerza, apretándose contra ella, gimiendo detrás de la gran mordaza. Los duros y redondos eslabones se deslizaron y le presionaron el clítoris. Se movió más rápido. Gimió de nuevo.
    
    No… solo era Sam mirando, sentado en la silla, inclinándose hacia adelante, concentrado en ella y nada más. Arqueó la espalda para que pudiera ver lo duros que estaban sus pezones, cómo destacaban de la suave carne de sus pechos. Pronto sentiría sus manos sobre ellos, acariciándolos, apretándolos. Pero primero, quería verla correrse. Movió las caderas más rápido, más fuerte. Podía sentir que empezaba a perder el control. 
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