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Abuse a mi roomie. Gay
Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30
... vello áspero de sus empeines apenas visible bajo los calcetines. Mi mano bajó a mi pantalón, y empecé a tocarme, lento, con la cara enterrada en sus pies, inhalando como si mi vida dependiera de ello. Emiliano no se movía, seguía dormido, su respiración pesada llenando el cuarto. Cada roce de mi lengua contra sus calcetines, cada inhalación de ese olor, me llevaba más al borde. Me sentía sucio, enfermo, pero no podía parar. Era como si su cuerpo, aunque estuviera inconsciente, me tuviera atrapado. Seguí, chupando la tela, dejando que el sabor y el olor me consumieran, hasta que el calor en mi entrepierna se volvió insoportable. Me vine en silencio, mordiéndome el labio para no hacer ruido, con su zapato todavía en una mano y mi cara pegada a sus pies. Me quedé ahí, jadeando, con el corazón a mil, mirando su figura dormida. Sabía que esto era una línea que no debía haber cruzado, que si él se despertaba y me veía, me iba a madrear como nunca. Pero en ese momento, con el olor de sus pies y sus zapatos todavía en mi cabeza, no me importaba. Solo quería más de él, aunque fuera así, en secreto, en la oscuridad. El cuarto estaba en penumbra, con la luz de la luna apenas iluminando la silueta de Emiliano, tirado en la cama, profundamente dormido. El olor a sudor, cuero y alcohol llenaba el aire, y yo, todavía temblando por lo que acababa de hacer, seguía arrodillado junto a sus pies, con uno de sus zapatos negros en la mano y el sabor de sus calcetines grises en la boca. Mi ...
... corazón latía desbocado, pero el deseo, esa mierda enferma que no me dejaba pensar, me empujó a ir más allá. Dejé el zapato en el suelo, con cuidado de no hacer ruido, y mis manos, temblorosas, empezaron a masajear sus pies. Presioné las plantas, sintiendo la humedad de los calcetines, el calor de su piel, el vello áspero del empeine. Emiliano no se movió, solo soltó un leve ronquido, su pecho subiendo y bajando bajo la chamarra de cuero. Me atreví a subir, mis manos deslizándose por sus piernas, sobre la tela áspera de los jeans gris oscuro. Los músculos de sus muslos, duros y peludos, se sentían firmes bajo mis dedos, y cada roce me hacía sentir más sucio, más perdido. Llegué a su cintura, y mis manos se detuvieron en el cinturón. El sonido del metal al desabrocharlo fue como un disparo en el silencio del cuarto, pero él no se despertó. Mi respiración estaba entrecortada, el corazón me latía en los oídos. Bajé la bragueta de sus jeans, lento, con miedo de que cualquier movimiento lo sacara de su sueño de borracho. Debajo, unos bóxers beige, algo gastados, marcaban su paquete. El bulto era evidente, incluso en reposo, y el olor me pegó de inmediato: sudor de tanates; a huevo, puro macho, mezclado con esa testosterona que me volvía loco. Acerqué mi mano, temblando, y acaricié sobre la tela, sintiendo el calor y el peso de su verga y sus tanates. Era pesado, cálido, y la tela estaba húmeda, probablemente de sudor después de una noche en el antro. Me incliné, mi nariz ...