1. Abuse a mi roomie. Gay


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30

    ... se incorporaba, todavía tambaleándose por el alcohol, pero con los ojos bien abiertos, llenos de furia y confusión.
    
    —¡Hijo de tu puta madre! —gritó, su voz resonando en el cuarto. El borracho parecía haberse esfumado en un segundo—. ¡Qué me estabas haciendo, puto maricon! ¡No mames!
    
    Sus manos se cerraron en puños, y se levantó de la cama, con los jeans a medio bajar y los bóxers todavía enrollados en sus muslos. Su verga colgaba, todavía húmeda por mi saliva, y el olor de su cuerpo llenaba el aire, pero ahora solo sentía miedo. Me miraba como si quisiera matarme, con la mandíbula apretada y las cejas fruncidas, su pecho subiendo y bajando rápido bajo la chamarra de cuero.
    
    —¡Pinche joto! —escupió, dando un paso hacia mí. Sus puños temblaban, y por un segundo pensé que me iba a madrear de verdad—. ¿Qué chingados te pasa, Alfonso? ¡Estás bien enfermo, cabrón!
    
    Me quedé en el suelo, con la cara ardiendo donde su pie me había golpeado, y el corazón latiéndome tan fuerte que pensé que se me iba a salir. No sabía qué decir, qué hacer. La vergüenza me quemaba, pero también el deseo, ese pinche deseo que no me dejaba en paz, incluso ahora, con él gritándome y mirándome como si fuera basura.
    
    —¡Lárgate de aquí, wey! —gritó, señalando la puerta de su cuarto—. ¡Y no quiero volver a verte haciendo tus pendejadas, me oíste? ¡No mames!
    
    Me levanté, temblando, y salí del cuarto sin mirar atrás, con el sabor de su piel todavía en mi boca y el olor de sus tanates en mi cabeza. ...
    ... Cerré la puerta de mi habitación y me tiré en la cama, con el pecho apretado, sabiendo que había cruzado una línea que no tenía vuelta atrás. Emiliano no iba a perdonar esto, y aunque una parte de mí seguía queriéndolo, deseándolo, otra parte sabía que lo que había entre nosotros, si es que alguna vez hubo algo, acababa de romperse para siempre.
    
    El corazón me latía como tambor, todavía con el sabor de Emiliano en la boca y el olor de sus tanates quemándome la cabeza. Estaba tirado en mi cama, temblando, sabiendo que había cruzado una línea que no tenía vuelta atrás. La puerta de mi cuarto seguía cerrada, pero el silencio del depa duró poco. De repente, escuché pasos pesados, furiosos, y la puerta se abrió de un golpe. Emiliano estaba ahí, con los jeans a medio subir, los bóxers beige todavía desacomodados, y una mirada que era pura rabia. Sus ojos café oscuro echaban chispas, y su mandíbula estaba tan apretada que parecía a punto de romperse.
    
    —¡Pinche enfermo! —gritó, abalanzándose sobre mí antes de que pudiera reaccionar. Me empujó contra la cama, y su puño me impacto en el hombro, duro, pero no tanto como para dejarme fuera de combate. Sentí el ardor, pero lo que más me pegó fue la furia en su cara. Me agarró de la camiseta y me jaló hacia él, dándome otro golpe en el pecho, como si quisiera sacarme el aire.
    
    —¡Qué chingados te pasa, Alfonso! —rugió, mientras sus manos me sacudían. Entre golpe y golpe, empezó a jalarme la ropa, arrancándome la camiseta con una fuerza ...