1. Abuse a mi roomie. Gay


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30

    ... que era más rabia que otra cosa. La tela se rasgó, y quedé con el torso desnudo, sintiendo el aire frío contra mi piel sudada. Su respiración era pesada, casi animal, y el olor a alcohol, sudor y testosterona llenaba el cuarto.
    
    Me dio otro empujón, y caí de nuevo en la cama. Se quitó el cinturón con un movimiento rápido, el cuero chasqueando en el aire. Y empezó a madrearme con él. Los cinturonazos venían de todas partes como si no supiera qué hacer con tanta furia. Se bajó los bóxers, dejando su verga a la vista, todavía húmeda, dura por la adrenalina o algo más que no quería nombrar. Me miró, con los puños apretados, y su voz salió baja, ronca, cargada de una mezcla de enojo y algo más oscuro.
    
    —¡Chúpala, cabrón! —ordenó, acercándose, con una mano en mi nuca, empujándome hacia él. Su tono era puro desafío, como si quisiera humillarme, pero también había algo en su mirada, un brillo que no podía descifrar. No me resistí. Mis labios encontraron su verga, y el sabor salado, rancio, me pegó de nuevo, llevándome al borde. Chupé, desesperado, mientras él gruñía, su mano apretando mi cabello con fuerza.
    
    Pero no se quedó ahí. Me empujó contra la cama, con una fuerza marcial, masculina, que era puro instinto. Sus manos me abrieron las piernas, y antes de que pudiera procesarlo, sentí su calor, su peso, encima de mí. Me penetró con una intensidad violadora; era como si estuviera descargando todo lo que sentía —enojo, confusión, deseo— en cada embestida. Sus gruñidos llenaban ...
    ... el cuarto, mezclados con mis propios gemidos, mientras el olor de su sudor, de su cuerpo, me envolvía por completo.
    
    No hubo palabras, solo el sonido de la cama crujiendo, de su respiración pesada, de mi cuerpo cediendo bajo el suyo. Cuando terminó, se derramó dentro de mí con un rugido, y yo, perdido en el calor y el dolor, me vine también, con el cuerpo temblando y la cabeza nublada.
    
    Se apartó de mí, jadeando, y salió de la habitación. El silencio volvió, pero ahora era diferente, más frio. Entonces regreso y me miró de reojo, con la cara todavía tensa, y murmuró:
    
    —Esto no cambia nada, wey. Nadie se entera.
    
    Se levantó, se subió los bóxers y los jeans, y salió del cuarto sin mirar atrás, dejándome ahí, desnudo, con el cuerpo adolorido y el corazón hecho un desastre. Sabía que esto no iba a ser amor, que para él era solo un arranque, pero ese momento, sucio, intenso, seguía quemándome, y no podía dejar de querer más.
    
    El cuarto seguía oscuro, con el eco de lo que acababa de pasar todavía resonando en el aire. Yo estaba tirado en la cama, con el cuerpo adolorido, la piel pegajosa de sudor y el sabor de Emiliano todavía en mi boca. Mi respiración era un desastre, y mi cabeza daba vueltas, atrapada entre el deseo, la vergüenza y ese nudo en el pecho que no se quitaba. Escuché el sonido del cinturón de Emiliano al abrocharse, el cuero chasqueando mientras se lo ponía con movimientos rápidos, casi furiosos. Luego, el tintineo de las llaves al agarrarlas de la mesa. No ...