1. Abuse a mi roomie. Gay


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30

    ... bajaron a mi pantaloneta, tirando de ella con urgencia. En un segundo, estaba desnudo, mi verga dura contra la suya, y el roce me hizo gemir. Me empujó contra el sillón, quedando encima de mí, su cuerpo pesado, caliente, cubriéndome por completo. El olor de sus axilas, de su pecho, de su entrepierna, me envolvió, y cuando sentí su verga rozando la mía, perdí cualquier rastro de cordura.
    
    —Pinche puto… —murmuró contra mi cuello, mordiendo, lamiendo, mientras sus manos me abrían las piernas. Sus dedos, venosos, fuertes, encontraron mi entrada, y el roce, aunque seco, me hizo arquear la espalda. Escupió en su mano, lubricándola, y cuando sus dedos volvieron, el calor y la presión me arrancaron un gemido que resonó en el depa.
    
    No hubo más palabras. Emiliano se posicionó, su verga gruesa empujando lentamente, y el dolor se mezcló con un placer que me hizo ver estrellas. Me aferré a sus hombros, mis uñas clavándose en su piel, mientras él gruñía, embistiendo con un ritmo que era puro instinto. El olor de su sudor, el sonido de su respiración, el calor de su cuerpo contra el mío, todo era demasiado. Mis manos bajaron a sus pies, que estaban cerca, y los apreté, sintiendo el vello, la humedad, mientras él me follaba con una intensidad que me dejaba sin aire.
    
    —Puta madre, Alfonso… —gimió, su voz rota, mientras sus embestidas se volvían más rápidas, más duras. Sentí su calor derramándose dentro de mí, y eso fue suficiente para hacerme estallar, mi propio clímax mezclándose con ...
    ... el sudor y el calor de nuestros cuerpos.
    
    Nos quedamos ahí, jadeando, pegajosos, con el olor a sexo y sudor llenando el aire. Emiliano se dejó caer a mi lado, su pecho subiendo y bajando, y me miró con una mezcla de confusión y satisfacción.
    
    —Pinche loco… —dijo, con una media sonrisa, mientras se rascaba la barba.
    
    Y yo, todavía temblando, solo pude reírme, perdido en el olor de su piel, en el calor de su cuerpo, en la certeza de que esto apenas estaba empezando.
    
    Ahí estábamos, tirados en el sillón, con el aire todavía cargado del olor a sudor y sexo. Mi cuerpo temblaba, todavía perdido en el subidón de lo que acababa de pasar. Emiliano, a mi lado, jadeaba, con el pecho subiendo y bajando, el vello húmedo pegado a su piel. Pero de repente, su cara cambió. La media sonrisa que tenía se borró, y me miró con una expresión seria, casi dura. Sus ojos café oscuro, que hace un momento parecían arder, ahora eran fríos, como si quisiera poner una pared entre nosotros.
    
    —Wey, esto… —dijo, con la voz firme, casi cortante—. Esto no se va a repetir, ¿me entiendes? No quiero pedos. Nadie, NADIE, se entera de esto. Ni una pinche palabra sale de este depa, ¿está claro?
    
    Tragué saliva, sintiendo un nudo en el estómago. Asentí, sin decir nada, porque ¿qué carajos iba a decir? Él se levantó del sillón, sin mirarme, y se metió al baño sin decir más. Escuché el agua de la regadera empezar a correr, y me quedé ahí, desnudo, con el corazón todavía latiéndome a mil, pero ahora con una ...
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