1. Abuse a mi roomie. Gay


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30

    ... mezcla de excitación y algo que se sentía como vergüenza.
    
    Mis ojos se fueron al suelo, donde estaban sus calcetines blancos, sucios, tirados junto a sus tenis de fútbol. El olor todavía flotaba en el aire, y mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza. Me agaché, los tomé con manos temblorosas, y sin pensarlo, corrí a mi habitación. Cerré la puerta, me tiré en la cama y puse los calcetines en mi pecho. El olor a sudor, a sus pies, me pegó como una droga. Restregué la tela sucia contra mi cara, inhalando profundo, y luego tomé uno de sus tenis. Metí la nariz dentro, y el olor rancio, húmedo, a macho, me volvió loco. Mi verga, que apenas empezaba a calmarse, se puso dura otra vez. Me toqué, rápido, desesperado, con los calcetines en la cara y el tenis pegado a mi nariz, hasta que me vine de nuevo, con un gemido que intenté ahogar contra la tela.
    
    Y entonces, la puerta se abrió de golpe. Emiliano estaba ahí, envuelto en una toalla gris, con el cabello mojado y el agua todavía goteándole por el pecho. Sus ojos se abrieron como platos al verme, y luego se entrecerraron, llenos de furia.
    
    —¡No mames, Alfonso! —gritó, acercándose en dos zancadas. Me arrancó los calcetines y el tenis de las manos con una fuerza que me hizo retroceder. Antes de que pudiera decir algo, me dio un zape en la nuca, tan fuerte que sentí un ardor inmediato—. ¡Te dije que ya, cabrón! ¡Pinche joto! ¡Bien que te gusta la verga, enfermo de mierda!
    
    Me quedé congelado, con la cara ardiendo, no sabía si de ...
    ... vergüenza o de excitación. Él, todavía furioso, empezó a cambiarse frente a mí, como si quisiera restregarme su presencia. Se puso los mismos calcetines sucios, los mismos bóxers grises que todavía olían a él, unos jeans ajustados que marcaban sus muslos peludos, y esos tenis de fútbol que yo acababa de oler. Se quitó la toalla sin ningún pudor, y joder, ver su miembro colgando, balanceándose de lado a lado, con esos tanates grandes, gordos, rosados, fue como un puñetazo al estómago. Era hermoso, perfecto, y aunque estaba enojado, no podía dejar de mirarlo. Se puso una playera del Tri, se echó una chamarra verde encima, y todo el tiempo me lanzaba miradas fulminantes.
    
    —Tú sabes que tengo novia, wey —dijo, mientras se abrochaba los jeans, su voz llena de una mezcla de enojo y algo que parecía culpa—. La amo, ¿sabes? Me voy a casar con ella. Esto… esto fue una pendejada, un error. No sé ni por qué te seguí la corriente.
    
    Hablaba y hablaba, contándome cosas de su novia, de sus planes, de no sé qué carajos, pero yo apenas lo escuchaba. Mi cabeza estaba atrapada en la imagen de su verga, en el olor de sus calcetines, en el calor de su cuerpo que todavía sentía en mis manos. No me importaba su novia, no me importaba nada. Solo quería más de él.
    
    Sin decir más, Emiliano agarró las llaves de la mesa y salió de la habitación. Escuché el sonido de la puerta principal al cerrarse, y el silencio que quedó en el depa fue como un balde de agua fría. Me quedé ahí, en la cama, con el ...
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