1. El círculo. Cap.31. Todo depende de tí


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    Ixchel: Gracias por leerme amigos, creo que terminaré de publicar el acto y no voy a seguir escribiendo la historia en un tiempo, estoy cansada pero espero les guste y sigan escribiendo sus comentarios, me motivan muchisimo.
    
    No durmió. No de verdad.
    
    Las horas se le escurrían entre reuniones, baños de masas, breves recesos en camionetas blindadas que olían a cuero y ansiedad. La semana final había comenzado con un mensaje seco del War Room: “Estamos empatados. Tal vez abajo por dos puntos.”
    
    Ella leyó el mensaje sin hacer gesto. Estaba en la azotea de un edificio en Gustavo A. Madero, con el sol de las siete apenas rasgando el smog. Tenía en la mano un café frío que no había pedido y los ojos desvelados, hinchados, pero firmes. A su alrededor, operadores recogían mantas, ajustaban la agenda, hablaban entre dientes. Todo era velocidad y vértigo. Pero en su mente, solo una cosa: ganar o desaparecer.
    
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    Día 1 – Iztapalapa, Milpa Alta, Tláhuac.
    
    El camión de campaña se tragaba avenidas enteras. Lo escoltaban motos, pick-ups con bocinas, camiones con pantallas LED que proyectaban su rostro en loop: labios tensos, mirada al frente, cabello recogido, fondo tricolor desteñido. El slogan era una herida abierta: “Abril: No más lo mismo.”
    
    Los eventos eran brutales.
    
    En Iztapalapa, un mitin entre los edificios pelones de la Unidad Vicente Guerrero. Armaron una carpa de 40 metros, todo blanco y rojo. La plaza se llenó con 8,000 personas traídas en camiones. Les ...
    ... dieron tortas de milanesa, termos con su cara, paraguas con el logo. Un reggaetón con su nombre sonaba como metralla. Un niño bailaba encima de una lavadora nueva, envuelta para rifa. Atrás, un hombre con camiseta de Team Abril repartía vales para licuadoras.
    
    En el templete, la rodeaban. Uno a uno fueron llegando: le esposa viuda del senador Canales, dos gobernadores de oposición, una exministra, líderes vecinales que no creían pero fingían. Todos decían lo mismo: “Ella no les debe nada. Por eso la quieren bajar.”
    
    Ella subió al micrófono con la garganta reseca.
    
    —No nací para esto —dijo, respirando entre palabras—. Pero ustedes me empujaron a levantarme. Y no me voy a sentar hasta que cambiemos las reglas del juego.
    
    Aplausos. Silbidos. Llantos. Un anciano levantó una pancarta: “ABRIL O MUERTE”. Ella lo vio. Sintió un hueco en el estómago. No sabía si era asco o ternura.
    
    Ese día duró dieciocho horas.
    
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    Día 2 – Álvaro Obregón, Magdalena Contreras.
    
    Lomas, casonas, fraccionamientos. Era otro país. Abril cambió su tono, su ropa. Usó un traje azul marino y tacones bajos. Caminó entre empresarios, académicos, exfuncionarios reciclados que habían olido sangre. En un jardín privado, habló frente a 400 personas que bebían gin tonic y comían bocadillos de salmón.
    
    —Hay que detener al monstruo —les dijo—. La presidencia está blindada, pero este escaño es una grieta. Desde aquí, podemos meter la mano.
    
    Uno le preguntó:
    
    —¿Está usted dispuesta a hacer lo que ...
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