1. El círculo. Cap.31. Todo depende de tí


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... el horizonte, como si no hablara a los votantes, sino a la historia.
    
    Luego, ella. Regina. La presidenta apareció vestida de azul, con la banda presidencial apenas visible entre el saco. No dijo una palabra. Solo puso una mano sobre el hombro de Serrano. Y esa imagen —esa mano apoyada sin emoción, sin ternura— bastó. Lo estaba nombrando. Sucesor. Escudo. Heredero del orden.
    
    Corte a Valeria. Sola, en un jardín palaciego. Silla de mimbre. Vestido crema. Libros sobre las piernas. Una niña que no era su hija, tal vez una actriz, le ofrecía flores. Valeria sonreía. Y nada más.
    
    No hubo voz en off. No hubo slogan. Solo un título en letras de piedra: “El País Se Pone de Pie.”
    
    La transmisión cerró con el escudo del partido oficial. Sin música. Sin esperanza. Solo con certeza.
    
    __
    
    El impacto fue inmediato. Los noticieros la llamaron “la bendición presidencial”. El partido oficial dejó de fingir neutralidad. La estructura territorial se activó. El Círculo —esa entidad de sombras que Abril había sentido tantas veces— volcó su dinero, sus pantallas, sus operadores, su aliento… sobre Serrano.
    
    Lo que vino después fue un acto de obediencia masiva.
    
    Sábado. Zócalo de la Ciudad de México. Atardecer.
    
    La plaza se llenó sin caos. No hubo gritos. No hubo pasión. Hubo logística. Ochenta mil personas, en filas perfectas. Acarreados, sí, pero disciplinados. Chalecos del partido. Sombrillas blancas. Agua embotellada con etiquetas institucionales. Las bocinas no transmitían ...
    ... música, sino fragmentos de discursos anteriores de Serrano, mezclados con extractos de la presidenta. Un mantra cívico. Una marcha sin tambores.
    
    El templete era un monstruo de acero. Minimalista. Sin colores. Solo gris, blanco, y detrás, una pantalla con la bandera ondeando en cámara lenta, como si se moviera bajo el agua.
    
    Serrano subió a las 18:33. Exactamente a la hora prevista. Camisa blanca. Corbata azul. El rostro ligeramente maquillado. A su lado, Valeria, seria, inamovible. Y detrás, sentados como en una pintura religiosa, los secretarios de Estado, los generales, algunos jueces, líderes religiosos, rectores universitarios. No aplaudían. No sonreían. Estaban.
    
    Serrano alzó la mano. No pidió aplausos. No sonrió. Y comenzó a hablar.
    
    —Durante años… confundieron la libertad con el desorden. —Pausa—. Hoy… es tiempo de volver al centro.
    
    Su voz era lenta. Baja. Medida. Como si cada palabra debiera asentarse en la tierra antes de la siguiente. No hablaba de promesas. Hablaba de consecuencias.
    
    —La democracia no puede ser gritería. —Dijo, con el tono de quien lee un edicto—. La justicia no puede ser espectáculo.
    
    El público lo seguía con los ojos, no con el corazón. Aplaudían en los momentos marcados. Había códigos para eso. Una luz se encendía brevemente en la base del templete. La usaban para marcar los aplausos. Y funcionaba.
    
    Cuando terminó —a los 27 minutos exactos—, no levantó el puño. No besó bebés. Solo asintió. Y bajó del templete. Valeria lo siguió. ...
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