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El círculo. Cap.31. Todo depende de tí
Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... estás: mendigando pintura y escuchando promesas. Pero si Abril gana, vas a tener seis años de flujo, contratos, obra. Y lealtad. —¿Y qué garantía me das? Damián abrió el maletín. Sacó una bolsa negra. Y otra. Cuatro en total. Cada una con fajos de billetes de quinientos. —Cuatro millones. Goyo se acomodó en su silla. Silencio. El crujido del cigarro. Los ojos de Jorge vigilando. —¿Y si te traiciono? —Entonces ya no vas a necesitar esta pierna —dijo Damián, y por primera vez sonrió. El silencio se volvió más denso. Luego, Goyo levantó la mano. Un gesto vago. Como si diera una bendición. —Tienes mi palabra. Damián asintió. Se pusieron de pie. Al salir al pasillo, Jorge se adelantó para abrir la puerta. Fue entonces que la vio. Sentada en las escaleras, con una bolsa del mandado y auriculares colgando del cuello. Tendría poco más de treinta. Piel morena, ojos verdes. Caderas anchas. Blusa sin mangas. Mirada de las que no se bajan. Jorge la miró. Ella también. Una pausa. Una tensión invisible. Damián ya bajaba. Pero Jorge no se movió. La mujer lo miró, y en voz baja, casi susurrando, le dijo: —No vuelvas si no traes pan. Jorge sonrió. Y bajó en silencio. La guerra también tiene belleza, pensó. Pero no lo dijo. No todavía. __ —Te quedaste con cara de pendejo, mi George. Jorge se rió. Iban sobre Reforma, rumbo a Polanco. El tráfico aún no apretaba del todo, pero ya respiraba en los retrovisores. Damián iba con el asiento ...
... ligeramente echado para atrás, mirando por la ventana como si buscara en los edificios algo que olvidó. —Estaba muy buena, jefe, ¿qué quiere que le diga? —¿Sabes quién era? —¿Quién? —La hija de Goyo. Jorge se quedó en silencio. Movió la cabeza, se la rascó. —Verga… —Ajá. Te digo que la sangre trae carisma. —Y nalgas, aparentemente —murmuró Jorge, con media sonrisa. Damián rió. Abrió la ventanilla. —No mames, George. Imagínate ser papá de una mujer así. Todo el día con los chacales rondando. —Ha de ser incómodo, ¿no? Saber que a tu hija la voltean a ver hasta los pinches árboles… —Sí. Lo es—. Pausa— Yo tengo dos. Una de veinticuatro. Otra de dieciocho. Jorge volteó. Eso no lo sabía. —¿Y están igual de guapas? —Son mis hijas, cabrón. Pero sí. Están cabronas. Y mira, uno aprende. A la mala. Que si no aceptas que el mundo las va a mirar, que las van a desear, que les van a romper el corazón… te fríes. O te vuelves un ogro. Y eso solo las aleja. —¿Nunca quiso tener un hijo varón? Damián cerró un momento los ojos. Como si la pregunta le doliera donde ya tenía costra. —Sí quise. Lo intenté. Pero la vida no quiso. O Dios, si quieres ponerlo así. Lo dijo sin amargura, como quien recuerda un fantasma que alguna vez soñó acariciar. Como si ahí, en ese hueco, viviera un orden que nunca llegó. Jorge asintió. Lo miró de reojo. No dijo más. Ambos entendían lo que no se decía. __ La casa estaba en una calle cerrada de Polanco, ...