1. El círculo. Cap.31. Todo depende de tí


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... cerca de Campos Elíseos. Seguridad privada. Cámaras en cada poste. Un Jaguar gris estacionado en la cochera.
    
    Era una de esas casas grandes, frías, con jardineras bien recortadas y un silencio que dolía en los oídos. Una mujer de uniforme les abrió. Los condujo por un pasillo largo, con fotos de campaña en marcos de madera cara: la mujer sonriendo con distintos jefes de gobierno, senadores, embajadores de países que ni sabían pronunciar.
    
    El salón tenía un ventanal que daba al jardín. En medio, sentada en una especie de trono tapizado en tela italiana, estaba Fabiola Narváez.
    
    Tenía 52 años, pero se maquillaba como de 40. Cabello oscuro, recogido. Collar grueso de perlas falsas. Pantalón entallado blanco y blusa color vino. Era presidenta vitalicia de la Asociación ProVida y Comedores Populares del Pueblo Bueno, aunque todos sabían que era una tinagüista disfrazada de benefactora.
    
    Detrás de ella, en la mesa, una carpeta con las siglas del partido oficial. Una taza de café recién servido. Y un par de sobres manila.
    
    —Ortega. Qué gusto.
    
    —El gusto es mío, Fabiola. Gracias por recibirme.
    
    No se dieron la mano. Ella le ofreció asiento. Jorge se quedó en la entrada, como sombra.
    
    —Me dijeron que vienes de parte de ella.
    
    —Vengo en nombre de la presidenta, sí. Y con un recado claro: se necesita que tu red territorial trabaje con Abril. La candidata opositora.
    
    Fabiola lo miró, sin sorpresa.
    
    —Ya vinieron los de ella. Hace una semana. Y la verdad… ofrecen ...
    ... poco.
    
    —¿Cuánto?
    
    —Un millón.
    
    —Te ofrecen lo que pueden. Yo te ofrezco lo que vale.
    
    Ella sonrió.
    
    —¿Y eso cuánto es?
    
    —Uno y medio.
    
    Fabiola se echó hacia atrás. Cruzó las piernas. Tomó la taza.
    
    —¿Uno y medio? Por mover más de diez mil votos. Por ceder mis credenciales, mis promotores, mi transporte, mis espacios…
    
    —Tus espacios tienen subsidio del gobierno —interrumpió Damián—. Y no me hagas recordarte los tres contratos que todavía tienes vigentes con la SEDATU. Esto no es una limosna. Es una negociación. Y bastante generosa, si me preguntas.
    
    Ella se quedó en silencio. Le dio otro sorbo al café.
    
    —Dos millones —dijo al fin—. Y que los quiero hoy.
    
    Damián la miró. Levantó las cejas. Sacó su libreta. Hizo un cálculo mental. Esperaba cuatro.
    
    —Uno ochocientos —dijo—. Y los tienes esta noche. Pero quiero los nombres. Las secciones. Quiero compromisos por escrito.
    
    —No firmo. Doy mi palabra.
    
    —Entonces la palabra tendrá que valer como oro.
    
    Ella sonrió.
    
    —Mi palabra vale más que tu puto partido.
    
    —Mi partido —dijo Damián— hace mucho que dejó de ser mío.
    
    Se quedaron mirando unos segundos. Luego ella extendió la mano.
    
    —Hecho.
    
    Damián la tomó. Firme. Sin sonrisa.
    
    —Mi equipo se pone en contacto para la entrega. Tú haz lo que sabes hacer. Y hazlo bien.
    
    Fabiola asintió.
    
    —¿Un café?
    
    —No. Tengo que seguir comprando conciencias.
    
    Ella rió.
    
    Jorge abrió la puerta para que saliera. En el marco, se cruzaron con una joven de no más ...