1. La mascara escarlata – parte 2


    Fecha: 30/11/2025, Categorías: Fantasías Eróticas Fetichismo Voyerismo Autor: PetterG, Fuente: SexoSinTabues30

    ... superheroína.
    
    Cuando Clara escuchó que se referían a ella como «superheroína», se mordió el labio y con sus manos apretó el bolso. Pues esa palabra, logró estremecerla. Ella no sabía si sentirse feliz, avergonzaba, o que. Quería gritar, salir corriendo, y hasta llegó a cuestionarse ¿Qué estoy haciendo con mi vida? De pronto, el autobús frenó y Clara se dio cuenta de que era su parada. Se levantó rápido, casi tropezando y bajó sin mirar atrás.
    
    En el trayecto a su departamento, las palabras del anciano y su hija le daban vueltas la cabeza. Por lo que al llegar ahí, dejó el bolso en la sala y se dirigió a su alcoba, para desplomarse al fin en su cama. Y mientras miraba el techo, los recuerdos del banco volvieron otra vez. Pero no solo eso, pues con lo que acababa de escuchar en ese bus; su mente la llevo hasta uno de sus recuerdos más preciados, en su niñez. Cuando Clara era tan solo niña, una niña que se ataba una sábana al cuello para fingir que era heroína, corriendo y saltando por el patio mientras su madre la regañaba: “¡ya bájate de ahí, te vas a romper algo!” Pero su padre, con una sonrisa siempre le decía: “Sigue soñando, mi pequeña heroína”. Entonces, inmediatamente suspiró con un nudo en el pecho y se dijo ¿Y si esto es a lo que estaba destinada? ¿Y si me la pongo una vez más? Se debatía al sentarse casi de inmediato en la cama con el corazón acelerado. Mientras sus pies la guiaban hacia el armario, y sus manos temblorosas abrían el cajón donde la había dejado la ...
    ... última vez. Y sí, ahí estaba la máscara, roja, brillante, casi pulsando con vida. Ella no pudo resistirse a su encanto, y la tomó con manos, aún dividida entre el miedo y la emoción. Solo una vez más, se dijo, y se la puso.
    
    En un instante, su ropa se desvaneció. Los guantes rojos aparecieron abrazando sus manos con firmeza. Las botas rojas treparon por sus piernas, ajustándose como una segunda piel. Sus pechos ahora lucían más firmes y redondeados, casi se alzaban con cada respiración, sus pezones lucían endurecidos por el aire fresco. Su cintura, era más estrecha que de costumbre y se curvaba perfectamente en sus muslos, guiando la mirada de cualquiera, hacia sus piernas atléticas que poco hacían al tratar de esconder sus zonas íntimas. De hecho, era casi inevitable no fijarse en su sexo, pues ahora, lucía completamente rasurado, carnoso y con sus labios rosados que eran toda una maravilla. Eso, sin mencionar su trasero, que era más redondo, firme y esculpido, tal como lo mencionó el anciano en el autobús.
    
    Sin embargo, como ella ya se había visto así, no le dio mucha importancia, y se concentró más en lo poco que llevaba puesto.
    
    —Dios mío… —susurró, tocándose la máscara. ¿Por qué tuve que encontrarte? Bueno, al menos las botas… sí, sí que son divinas. Tiene unos acabados perfectos, me fascinan. Dijo mientras se inclinaba para admirarlas mejor, cuando de la nada, una araña salió disparada debajo de la cama y paso entre sus pies. Al verla, Clara dio un grito y corrió ...
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