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La mascara escarlata – parte 2
Fecha: 30/11/2025, Categorías: Fantasías Eróticas Fetichismo Voyerismo Autor: PetterG, Fuente: SexoSinTabues30
... planearlo, terminó en un callejón sin salida. Había tomado un camino que ni siquiera recordaba. Entonces, una puerta metálica se abrió a pocos centímetros de ella con un chirrido que le erizó la piel. Clara se sobresaltó. Un hombre alto, de piel oscura, chaqueta de cuero brillosa y una cadena dorada colgando del cuello, salió con paso seguro. La vio de espaldas, inmóvil, en medio de la penumbra. Algo en su silueta le resultó familiar. Sin pensarlo mucho, se acercó con una sonrisa ladeada, convencido de que reconocía ese cuerpo. —Vaya, Candy… pensé que no vendrías —dijo con voz grave, cargada de picardía. Clara se congeló. ¿Candy? ¿Quién diablos es Candy? Tragó saliva, y giró apenas el rostro. A unos metros, un letrero parpadeaba con luces rojas:El Paraíso del Placer. Sus ojos se agrandaron. Un club de strippers. ¡Genial, Clara, genial! se recriminó. ¿Dónde te metiste? —Estaba preocupado, ¿sabes? —continuó él, acercándose un poco más—. Hablamos por teléfono… ¿no te acuerdas? Pero bueno, ya estás aquí. Se nota que vienes preparada. —Sus ojos se paseaban por su cuerpo sin ningún pudor—. Hace tiempo que no te veía, y… wow, estás mejor que nunca. El corazón de Clara latía como tambor. Tenía que pensar rápido. —Oh… hola, grandote —respondió, imitando un tono coqueto mientras se giraba lentamente, mostrando sus curvas sin reparo—. Llegué hace poco, tampoco te vi adentro. El hombre soltó una carcajada. —Candy, me vas a matar del susto. ¡Y mírate! Tú siempre ...
... estás un paso adelante, ese atuendo, te queda perfecto. Ven, vamos, todos te están esperando. Ella apenas sonrió, siguiendo su paso con cautela, buscando la mínima oportunidad para desaparecer. Pero entonces él soltó algo que le heló la sangre: —Esta semana llegó un grupo nuevo de chicas. Todas vírgenes, asustadas, recién traídas. Les vendría bien que alguien como tú las… entrene un poco. Sabes cómo es esto, están muertas de miedo al principio. Clara se detuvo. Algo le quemó el pecho por dentro. No era solo incomodidad… era furia. Trata de personas. ¿Cuántas chicas hay ahí dentro? ¿Cuántas esperan ser salvadas? Respiró hondo. —No te preocupes —dijo, firme y serena—. Yo me encargo. El hombre sonrió satisfecho. Ambos caminaron hacia la entrada trasera, y cuando el tipo abrió la puerta y la dejó pasar. Justo cuando Clara cruzaba frente a él, le dio una palmada juguetona en las nalgas. El golpe fue suave, pero suficiente para encenderle una chispa de rabia. Se giró, le lanzó una mirada atrevida y le guiñó el ojo. —Cuidado grandote, que este trasero es solo para los que pagan bien —dijo, con una sonrisa pícara que escondía un impulso muy distinto: el deseo de romperle la nariz. Y así fue, como caminaron por un pasillo estrecho y oscuro, con paredes empapeladas que alguna vez fueron rojas y ahora se veían apagadas, como todo lo demás ahí dentro. El aire estaba saturado de perfume barato, sudor y humo, una mezcla que raspaba la garganta. A cada paso, Clara ...