1. Superficie


    Fecha: 30/11/2025, Categorías: Control Mental, Autor: AnaisBelland, Fuente: TodoRelatos

    ... susurro que no pedía permiso para entrar.
    
    —Grotesca… ¿de veras eso pensaste? —rió la voz, con un sarcasmo húmedo que le erizó la piel—. Mira bien tu reflejo, cariño. ¿Quién es aquí la ridícula?
    
    María se miró en el espejo del pasillo. El cabello apagado, las uñas discretas, la ropa seria. Y la voz insistía, cada vez más fuerte:
    
    —Ese pelo es un cadáver. Mañana lo cortas, lo tiñes, lo conviertes en algo vivo. Tus uñas… parecen de secretaria cansada. Necesitan brillo, longitud, deseo. ¿Y esa ropa? No es elegancia, es mediocridad con botones.
    
    María cerró los ojos, negó con la cabeza, intentó ignorar. En su interior, la parte rígida, conservadora y puritana se defendía:“Esto es absurdo, yo no soy como ella, yo tengo dignidad, tengo clase, no necesito provocación ni sexo vulgar.” Pero la voz no cedía; cada réplica era un zarpazo:“Clase aburrida, cariño. Nadie te desea. Yo soy lo que miran, lo que sueñan en la penumbra. Tú eres un borrador sin pasión.” María contraatacaba en silencio:“No necesito brillo artificial, no necesito ser un objeto de deseo.” Y de inmediato la réplica caía como cuchilla:“Sí lo necesitas. Aunque lo niegues, fantaseas con rodillas en el suelo, con labios pintados pronunciando gemidos. Brillo es poder, cariño. Superficie es todo.”
    
    Cada palabra no solo la hería, también le provocaba un calor bajo la piel, un temblor secreto, y lo más perturbador: imágenes sexuales empezaban a brotar en su mente. Se veía a sí misma con la boca roja abierta sobre un ...
    ... hombre que no podía reconocer, riendo bimbo, obedeciendo. Se asustó, negó con la cabeza, pero las imágenes volvían con cada susurro.
    
    Cuando al fin, exasperada, pensó en ceder, el susurro cambió de tono. Ya no era burla, sino una orden suave, venenosa:
    
    —Obedece. Mañana mismo. Y sentirás lo que nunca has sentido.
    
    Esa noche, mientras dormía, la orden se convirtió en sueño: Miss Doll la arrastraba frente a un espejo inmenso, la obligaba a posar con labios rojos y uñas largas, la hacía caminar desnuda bajo luces de club con el látex brillando sobre su piel. El perfume la envolvía, los tacones marcaban compás, y la sensación era tan intensa, tan húmeda, que María despertó jadeando, con el corazón golpeando fuerte y un calor desconocido recorriéndole el cuerpo. Al mismo tiempo, una punzada de culpa le atravesó el pecho:“¿Cómo pude soñar algo así? Esto es indecente, yo no soy esa mujer. Soy puritana, soy decente.” Su conservadurismo aún era fuerte, y la vergüenza competía con la excitación en una lucha silenciosa que la dejó temblando bajo las sábanas.
    
    Capítulo III — La primera obediencia
    
    La mañana llegó pesada, con la culpa todavía pegada a la piel. María se miró en el espejo y trató de convencerse:“No, no haré caso, soy dueña de mí misma.” El reflejo le devolvía su cabello castaño natural, nunca tocado por tintura alguna. Siempre lo había considerado su orgullo discreto: un cabello intacto, símbolo de su pureza y de su vida ordenada. Para ella, teñirse era impropio, ...
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