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Superficie
Fecha: 30/11/2025, Categorías: Control Mental, Autor: AnaisBelland, Fuente: TodoRelatos
... un gesto frívolo que solo mujeres ligeras practicaban. La voz volvió, implacable, más nítida que nunca. —Mírate, cariño. Pareces una sombra. ¿Eso quieres ser? Hazlo. Córtate el pelo. Quiero ver cómo goteas brillo, cómo la decencia se escurre de ti. María apretó los puños.“No. No me lo teñiré. Mi cabello natural es mi decoro, mi virtud.” Pero las imágenes se colaron, sensuales, obscenas: ella misma con el cabello platino, risas tontas escapando de su boca roja, hombres mirándola con hambre. La resistencia empezó a resquebrajarse. En la peluquería, al sentarse en la silla, todavía intentó resistir. Miró los catálogos de tintes y pensó:“No, mi cabello castaño es natural, nunca he usado tintura, sería una traición a lo que soy.” La voz no tardó en colarse, sensual y decadente, mostrándole imágenes de sí misma inclinada, cabellos platinos brillando bajo luces, hombres jadeando al verla mover la cabeza, billetes resbalando por su escote. Cada imagen le arrancaba un estremecimiento, el orgasmo comenzaba a acumularse otra vez. Ella quiso negarse, quiso levantarse, pero la presión interna era insoportable. —Dilo, cariño. Platino. Sé mi muñeca —susurró la voz. Cuando pronunció “Platino”, el susurro la acarició como caricia húmeda:“Sí, así… ahora imagínate inclinada, gemidos pintados en rojo. Brilla para mí, muñeca.” En ese instante, un estremecimiento la recorrió entera: la obediencia le regaló una oleada de placer tan intenso que casi la dobló en la silla. Cada ...
... mechón caído era una punzada húmeda que le subía por el vientre, acumulando un orgasmo secreto, delicioso, que la dejaba temblando sin llegar a completarse. Al salir de la peluquería, con el cabello platino recién cortado en un estilo moderno, María sintió un peso extraño en el pecho. Se miró en un escaparate y la vergüenza la golpeó:“¿Qué he hecho? Esto no soy yo.” Bajó la mirada, pero en el reflejo de los vidrios vio que algunos hombres giraban la cabeza para mirarla. Un rubor ardiente le subió a la cara. La voz aprovechó de inmediato: —¿Lo ves? Ya no eres invisible. Cada mirada es una caricia, cada gesto suyo una confesión. Imagínalos deseándote, imaginando tus labios en secreto… Las imágenes sexuales se apilaron en su mente: ella misma inclinándose, un desconocido respirando sobre su cuello, billetes deslizándose por su ropa nueva. El placer crecía, el orgasmo se acumulaba otra vez, haciéndola caminar temblando. La resistencia se volvía frágil, resquebrajada por cada fantasía impuesta. Sin saber cómo, sus pasos la llevaron más allá de la avenida, hasta que se encontró frente a una tienda iluminada con vitrinas brillantes. Allí, en el centro, un par de tacones de stripper la esperaba, altísimos, imposibles, brillando como un llamado. La voz suspiró en su oído, húmeda, sensual:“El destino te ha traído, cariño. Estos son tuyos.” Entró a la tienda con el corazón desbocado. El brillo de las vitrinas la cegaba, y allí estaban: los Pleaser transparentes, altísimos, con ...