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Superficie
Fecha: 30/11/2025, Categorías: Control Mental, Autor: AnaisBelland, Fuente: TodoRelatos
... plataforma de acrílico y tacón imposible. La voz se deslizó como veneno dulce: —Pruébalos, cariño. Imagina tus piernas abiertas en el escenario, la luz subiendo por el acrílico, todos mirándote como carne brillante. Son tuyos. Con manos temblorosas los sostuvo, y el solo tacto le arrancó un escalofrío húmedo. No se atrevió a probárselos; apenas rozarlos ya le disparaba imágenes sexuales en su mente: ella misma bailando en un tubo, hombres lanzando billetes, dedos recorriendo sus muslos. La excitación la dobló por dentro, el orgasmo acumulándose de nuevo. Apenas podía respirar. Los pagó casi sin darse cuenta, obedeciendo a la voz que reía sensual:“Así, muñeca. Ahora sí eres mía.” Un instante de cordura la atravesó al salir con la bolsa en la mano. El rubor se mezcló con la vergüenza. Miró alrededor, sintiéndose expuesta, pecadora. Con el corazón en la garganta, salió corriendo rumbo a su departamento, apretando la bolsa como un secreto ardiente, mientras la voz susurraba más obscena que nunca:“Escóndelos si quieres… igual pronto caminarás el mundo solo con ellos puestos.” Capítulo IV — Salida con tacones Al llegar a su departamento, María sintió cómo la vergüenza y el arrepentimiento la aplastaban. Se dejó caer en la cama, apretando la bolsa con los tacones como si fuera un objeto prohibido. Las lágrimas corrieron silenciosas:“¿Qué he hecho? Nunca usé tacones, mucho menos unos tan… indecentes.” Su voz interior de mujer puritana intentó resistir, ...
... recordándole lo impropio de aquella compra. Pero el susurro volvió, más húmedo, más excitante, más implacable: —Póntelos, cariño. Solo una vez. Quiero verte temblar sobre ellos. Imagina tus piernas más largas, tus caderas moviéndose, hombres mirando tu andar como si ya estuvieras desnuda. Las imágenes sexuales se apilaron en su mente, cada vez más decadentes: ella misma caminando con los Pleaser transparentes por un pasillo de club, los hombres jadeando, billetes cayendo. El orgasmo comenzaba a acumularse otra vez, mezclando la vergüenza con un placer abrasador que no la dejaba pensar. Temblando, abrió la bolsa y acarició los tacones. La voz se intensificó, húmeda, ordenando: —Ahora, cariño. Uno a uno. Siente cómo cambias. Con las manos temblorosas, deslizó el primer Pleaser en su pie desnudo. La curva del acrílico la obligó a estirarse, arqueando la pierna, y un escalofrío le recorrió la columna. El segundo siguió, cerrando la prisión brillante en sus tobillos. Se incorporó lentamente y el cambio de postura fue inmediato: las caderas se adelantaron, el pecho se elevó, su silueta entera transformada por esos centímetros imposibles. El rubor ardió en sus mejillas. Nunca había usado tacones, mucho menos unos tan indecentes, y sin embargo la sensación la atravesó como un latigazo húmedo. La voz recitaba imágenes sexuales cada vez más decadentes:“Mírate, muñeca… camina por un pasillo de club, tus pechos adelantados, tu risa boba sonando entre jadeos masculinos. Imagina ...