1. Fue solo un susto...


    Fecha: 26/12/2025, Categorías: Hetero Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos

    ... las medias y usé una para limpiarme entre las piernas y las tiré en el basurero. El corazón me latía como si hubiera corrido diez cuadras. Me miré al espejo, casi descompuesta, con el pelo revuelto y las mejillas rojas.
    
    Respiré hondo y salí del baño, con la mirada baja, rezando que mi hermana no estuviera cerca… que nadie me mirara… que nadie supiera lo que acababa de pasar.
    
    Salí del bar con las piernas temblando y el cuerpo todavía caliente, pero transpirando frío.
    
    Me subí al Uber con el corazón latiendo raro, como si no terminara de acomodarse en el pecho. Me apoyé contra la ventanilla y apretaba los dientes de la bronca.
    
    ¡¿En qué mierda estaba pensando?!
    
    Quería olvidarme de todo por un rato y terminé cogiéndome a un tipo que acabó dentro mío como si yo fuera cualquier cosa. Como si tuviera algún derecho.
    
    ¿Por qué no lo frené? ¿Por qué no lo empujé antes? ¿Qué carajo me pasó? Me recriminaba todo al mismo tiempo, pero ya era tarde.
    
    Aunque intentara buscarle explicaciones, lo hecho estaba. Tenía el DIU, ese bendito DIU que Aye me insistió en ponerme hace unos meses. Si no, ahora estaría caminando por las paredes.
    
    Cerré los ojos un segundo. Sentía la garganta seca, el estómago revuelto, y una mezcla rara de asco, adrenalina y deseo mal digerido. Me odiaba un poco. Me odiaba mucho.
    
    Cuando llegué a casa me desvestí rápido, sin mirar el espejo. Me metí directo al baño, abrí la canilla de la ducha como si necesitara purgarme. El agua corría por la ...
    ... espalda como si pudiera borrar la sensación. Me lavé con rabia. Como si pudiera sacarme su rastro.
    
    Me puse una remera vieja, de esas gigantes, y me tiré en la cama sin secarme bien. Me abrazaba la humedad y el olor a jabón, pero la cabeza seguía haciendo ruido.
    
    Y justo ahí, la puerta se abrió.
    
    —¿Te dejaste garchar por Daro? —la voz de Aye cortó el silencio como una cuchilla.
    
    Me senté de golpe. No dije nada. La miré apenas, como si eso pudiera disfrazar lo evidente.
    
    —Sos una pelotuda, Mey. Te dije que no. Te dije que no. ¿Qué parte no entendiste? —me miró desde la puerta, seria, pero con esa mezcla de enojo y cariño que solo ella manejaba.
    
    —Perdón… —susurré, como una nena.
    
    —Le contó a todo el mundo. A todo el puto mundo. Se me caía la cara de vergüenza, boluda. ¿Sabés lo que fue? ¿Cómo te vas a meter con ese pelotudo?
    
    Yo quería desaparecer. Que me traguen las sábanas, meterme adentro del colchón. Todo lo que había pasado en ese baño ahora parecía una película barata que ni siquiera quería recordar.
    
    —No sé… me ganó la cabeza… —intenté balbucear algo.
    
    —No, te ganó la concha. Y no te estoy juzgando, eh… pero si yo te digo algo, es por algo. Tenés que aprender a hacerme caso.
    
    Me acerqué y le agarré la mano. Me apretó los dedos con fuerza.
    
    —Ya está. No pasa nada. Pero pensá un poco, boluda. Te lo pido por favor.
    
    Asentí en silencio. Ella me abrazó un ratito, después se metió en su cuarto.
    
    Yo me quedé ahí, otra vez en la cama, con el pelo húmedo, ...
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