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Le fui infiel a mi novio en un aeropuerto
Fecha: 05/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: CornerOnTheNet, Fuente: CuentoRelatos
Me sentía sola. Hacía días que había discutido con mis padres y la cosa en casa no iba de bien en mejor. Muy al contrario, había decidido marcharme al piso de unas amigas a la isla de enfrente por unos días para ver si el ambiente mejoraba un poco con la distancia. Por otro lado, con mi novio me iba bien. No era para tirar cohetes, pero habíamos pasado situaciones peores. Al estar yo tan desanimada y tan ausente del mundo, nos sentíamos mutuamente un poco más lejos, nos comunicábamos mucho menos y hacía varios días que no sentíamos esa sensación urgente llena de necesidad del otro. Él estaría harto de mis historias y yo prefería estar sola. Así, avisé en casa de que me iba a pasar un fin de semana a Lanzarote y le dije a él que esperaba estar de mejor ánimo y disposición el lunes siguiente. Preparé una mochila con apenas una muda de ropa, nada de falditas ni de taconcitos porque no pensaba ponerme guapa ni salir de fiesta, así que con mis vaqueros y mis tenis, mochila al hombro, salí en el coche rumbo al aeropuerto. Aparqué allí mismo, sabiendo lo que me iba a costar después el parking y notando el punzante dolor en mi cartera. Cuando hube facturado, pasé el control policial no sin antes escuchar los pitidos que indicaban que me había olvidado el cinturón en el pantalón; me quitaron la botella de agua que llevaba en la mano –no fuera a ser gasolina que promoviera un incendio el habitáculo del piloto― y me dejaron pasar. Siempre que viajo en avión, aunque el viaje ...
... sea tan corto como éste –de apenas media hora―, siento unos nervios horribles y la boca se me seca, la cabeza me funciona con mayor lentitud y me siento víctima de los actos de otra mujer que me quiere llevar en ese fatídico medio de transporte con lo poco que me gusta. Así mi cuerpo, me dispuse a gastarme un dineral en una botella de agua dentro de la zona de embarque –agua exenta de peligro para el avión― y me acerqué a la barra del bar que quedaba más cerca de mi puerta de salida. Había una cola de unas seis personas por delante de mí y tendría que esperar un poco. Cuando ya estaba cerca de la barra, me apoyé en la columna más cercana y noté una mano que pasaba justo por delante de mí en dirección a la barra y me rozaba los pechos. Esta mano cogió una botella y al irse de nuevo hacia atrás volvió a rozarme. Esta segunda vez un ligero escalofrío me recorrió la espalda. Miré hacia atrás ligeramente y me encontré la mirada directa y honda de un hombre un poco más alto que yo, que, lejos de disculparse por su “intromisión en mi espacio vital”, me miraba con cierto aire de arrogancia. No era guapo exactamente, pero tenía ese algo que hace que te quedes mirándole fijamente para descubrirlo. Nos miramos sin apartar la vista unos segundos, los suficientes como para inquietarme. ―Señorita, qué desea. Volví la cabeza. Le pedí a la apresurada camarera una botella de agua. Cuando buscaba en la cartera el dinero para pagar, sentí una mano tocarme el hombro para después bajar ...