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El diario íntimo de una madre muy puta - Parte 3
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Sol Molinari, Fuente: TodoRelatos
El sol de la tarde se filtraba entre las persianas del departamento de Agustina, dibujando líneas doradas sobre su vientre desnudo mientras yacía en la cama. Sus dedos trazaban círculos hipnóticos sobre la piel todavía sensible, comparando mentalmente las dos noches anteriores. Raúl, el obrero tímido que se había transformado en una bestia ansiosa bajo sus manos. Ernesto, el arquitecto dominante que la había reducido a un juguete sumiso. Dos experiencias radicalmente diferentes, un mismo objetivo cumplido. — Quién lo habrá hecho mejor — murmuró para sí, imaginando los espermatozoides de cada uno compitiendo en una carrera microscópica hacia su ovulo. El gimnasio fue su siguiente parada. Mientras las pesas caían con sonidos metálicos y las máquinas gemían bajo el esfuerzo de los cuerpos sudorosos, Agustina entrenó con una intensidad inusual. Cada sentalla profundizaba el dolor placentero que Ernesto había dejado en sus nalgas, cada abdominal hacía recordar cómo se había sentido tan llena de él. Las miradas de los hombres en el gimnasio, siempre presentes, hoy le resbalaban como agua sobre piedra. Ninguno de ellos sabía que llevaba dentro los rastros de dos amantes, que su vientre plano podría estar gestando una vida en ese mismo instante. La ducha post-entreno fue rápida, casi quirúrgica. Pero justo cuando salía del vestuario, su teléfono vibró con un mensaje que hizo que sus pupilas se dilataran levemente: — ¿Vas a venir esta noche? La sonrisa de Agustina fue ...
... lenta, calculadora. El tercer candidato. El último de su trío reproductivo. — Claro que sí — respondió con dedos que apenas temblaban, imaginando esos ojos azules que habían sido su perdición desde la adolescencia. El departamento de Agustina se convirtió en un laboratorio de seducción mientras se preparaba para la fiesta. La elección del atuendo requirió más deliberación que las veces anteriores. No buscaba provocar como con Raúl, ni someterse como con Ernesto. Esta noche necesitaba algo distinto, algo que despertara nostalgia y deseo en igual medida. El vestido que eligió era azul cobalto, corto pero no obsceno, con mangas largas translúcidas que dejaban ver los delicados tatuajes de frases en italiano en sus brazos. El escote en V era lo suficientemente profundo como para mostrar el nacimiento de sus pechos pequeños pero perfectamente formados, pero no tanto como para parecer vulgar. Las medias eran negras, de red fina, sostenidas por un liguero de encaje que sabía que solo descubrirían cuando ella quisiera. Los tacones, negros también, tenían un brillo discreto que captaría la luz de la fiesta con cada paso. — Perfecto — susurró al espejo, aplicando un delineado de ojos que hacía resaltar el verde esmeralda de sus pupilas. El tercer hombre en su lista era especial. No solo por esos ojos azules que le recordaban al primer amor de su vida —el mejor amigo de su padre, un alemán alto y serio que la había enseñado lo que era el deseo a los dieciséis años— sino ...