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El diario íntimo de una madre muy puta - Parte 3
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Sol Molinari, Fuente: TodoRelatos
... contra él. Agustina podía sentirlo crecer a través del traje, duro e insistente, pero lo que más la excitaba eran las miradas que atraían. Porque Markus no era el único que la observaba con hambre. A su izquierda, un hombre alto con el pelo plateado y una cicatriz en la barbilla no disimulaba su interés, sus ojos azul acero recorriendo cada centímetro de su cuerpo como si ya la estuviera desnudando mentalmente. A la derecha, el otro cumpleañero -un tal Klaus según le había dicho Markus- bebía whisky mientras sus pupilas se dilataban cada vez que Agustina arqueaba la espalda, mostrando el escote que caía peligrosamente hacia adelante con cada movimiento. β Parece que le gustás a mis amigos β comentó Markus, sus labios rozando la piel sensible detrás de su oreja mientras sus manos subían por su torso, deteniéndose justo debajo de los pechos. Agustina dejó escapar un gemido calculado, lo suficientemente alto para que los más cercanos lo escucharan. β Solo me interesa lo que pienses vos β mintió, sabiendo perfectamente que cada hombre en esa habitación era un testigo potencial de su deseo. La canción cambió a un ritmo más lento, sensual. Markus no se separó. Al contrario, la atrajo más cerca, hasta que podía sentir cada respiración suya en su nuca. Una de sus manos se deslizó hacia adelante, el pulgar rozando el borde de su escote con una audacia que hizo que el corazón de Agustina acelerara. β Me gusta cómo te movés β susurró, sus dedos explorando el contorno ...
... de su pecho izquierdo sin llegar a tocarlo directamente β. Como si ya supieras lo que va a pasar. Agustina giró la cabeza para mirarlo, sus labios a centímetros de los de él. β ¿Y qué va a pasar? La respuesta llegó en forma de un pellizco suave en su pezón a través de la tela, tan rápido que nadie más pudo notarlo, pero suficiente para hacer que un escalofrío le recorriera la columna. β Vas a bailar un rato más, mostrándoles a todos lo que no pueden tener β dijo Markus con una sonrisa que mostraba dientes perfectos β. Y luego te voy a llevar arriba y te voy a hacer acordar por qué los hombres alemanes tenemos cierta reputación. Agustina sintió cómo la humedad se acumulaba entre sus piernas. No era solo la amenaza, ni siquiera la promesa de sexo. Era el juego, la exhibición, el saber que cada hombre en esa habitación la deseaba mientras solo uno tendría el privilegio de tomarla. Giró de nuevo, esta vez frotándose más descaradamente contra la erección de Markus, sus nalgas aplastando lo que prometía ser un tamaño considerable. Al hacerlo, captó la mirada de Klaus, el otro cumpleañero, que se ajustaba el pantalón sin disimulo mientras un rubor subía por su cuello. β Tu amigo parece tener calor β comentó con malicia, sabiendo que Markus lo miraría. β Klaus siempre fue un calentón β respondió Markus, apretándola más fuerte contra sí β. Pero esta noche solo vos vas a saber lo que es calentarse de verdad. La música, el baile, las miradas... todo se fundía ...