-
El diario íntimo de una madre muy puta - Parte 3
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Sol Molinari, Fuente: TodoRelatos
... porque esta cita sería diferente. No un encuentro a solas, sino una fiesta privada en una casa de estilo alemán en el barrio de Belgrano. Una celebración de cumpleaños doble: su cita y otro hombre cumpliendo cincuenta años. El taxi la dejó frente a una casona antigua con jardín, donde ya se escuchaba la música y las risas. Agustina respiró hondo, sintiendo el perfume que se había aplicado en los puntos estratégicos: detrás de las orejas, en las muñecas, entre los senos. Un aroma a flores blancas con un toque de vainilla, diseñado para evocar pureza con un trasfondo dulcemente perverso. La puerta se abrió antes de que tocara el timbre. Y allí estaba él: Markus, cincuenta años , con el pelo rubio oscuro entrecano corto al ras y esos ojos azules que parecían sacados de un cuento de hadas nórdico. Vestía un traje oscuro sin corbata, la camisa blanca desabotonada lo suficiente como para mostrar un vello pectoral rubio. — Agustina — dijo su nombre con ese acento que todavía conservaba, a pesar de haber vivido en Argentina treinta años —. Pensé que no vendrías. Ella sonrió, permitiéndole tomar su mano y llevársela a los labios para un beso que rozó la línea entre lo cortés y lo sensual. — No me perdería esto por nada — respondió, dejando que sus ojos verdes sostuvieran la mirada de esos ojos azules que la habían obsesionado desde la adolescencia. La música, la comida, las luces bajas... todo era perfecto. Pero Agustina solo tenía ojos para Markus, y para la manera ...
... en que esos ojos azules la miraban como si ya supieran por qué estaba realmente allí. La casa de estilo alemán vibraba con el ritmo de música electrónica mezclada con clásicos de los 80, una combinación que llenaba cada rincón del amplio salón donde se desarrollaba la fiesta. Las luces bajas y las velas parpadeantes creaban un ambiente íntimo, aunque la treintena de invitados -en su mayoría hombres de mediana edad con rasgos nórdicos y mujeres elegantes pero discretas- daban al lugar una energía bulliciosa. Agustina, con su vestido azul cobalto que parecía hecho para captar cada destello de luz, era sin duda el centro de atención no declarado. Markus la guió hacia la pista de baile con una mano en la espalda baja, apenas por encima de donde terminaba el vestido y comenzaban sus nalgas perfectamente esculpidas. El contacto era ligero pero posesivo, como si ya la estuviera reclamando frente a los otros invitados. — No sabía que bailabas tan bien — le susurró al oído cuando un tema de Depeche Mode llenó el aire. Agustina respondió con un movimiento de caderas que hizo que el vestido se pegara a su cuerpo, revelando cada curva como un segundo idioma. — Hay muchas cosas que no sabés de mí — contestó, girando para quedar de espaldas a él, sus nalgas rozando la entrepierna de Markus con una precisión que no podía ser accidental. El alemán no desperdició la invitación. Sus manos grandes se cerraron alrededor de sus caderas, siguiendo el ritmo mientras ella se movía ...