1. El diario íntimo de una madre muy puta - Parte 3


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Sol Molinari, Fuente: TodoRelatos

    ... eléctrica que se propagaba desde su clítoris hasta la punta de los dedos.
    
    β€” ¿Ves esto? β€” Markus le agarró la barbilla, forzándola a mirar hacia el espejo del armario donde sus reflejos se multiplicaban β€”. Mirá cómo te como.
    
    Agustina obedeció, hipnotizada por la imagen de sus cuerpos entrelazados, su piel morena contra la palidez de Markus, sus nalgas rojas por las palmadas que aún ardían. Era obsceno. Era perfecto.
    
    β€” Más fuerte β€” suplicó, arqueando la espalda para recibirlo mejor.
    
    Markus cumplió, sus caderas chocando contra las suyas con una fuerza que hacía que la cama golpeara contra la pared. Los gemidos de Agustina se mezclaban con sus gruñidos, creando una sinfonía de placer que llenaba la habitación.
    
    Fuera, en el pasillo, Agustina juró escuchar pasos deteniéndose frente a la puerta, alguien que escuchaba el espectáculo que estaban dando. La idea de ser observada, aunque fuera indirectamente, añadió una capa más de excitación a su experiencia.
    
    β€” Voy a... voy a... β€” comenzó a decir, sintiendo el orgasmo acercarse como un tren en la noche.
    
    β€” Esperá β€” Markus la volteó bruscamente, poniéndola a cuatro patas antes de volver a entrar en ella por detrás β€”. Así quiero que vengas.
    
    Agustina no pudo resistirse. El nuevo ángulo, la sensación de estar completamente dominada, la imagen de Markus sobre ella en el espejo... todo fue demasiado. Con un grito ahogado, llegó al clímax, su cuerpo convulsionando en espasmos que hicieron que Markus perdiera el ...
    ... poco control que le quedaba.
    
    β€” Adentro β€” jadeó Agustina, sabiendo que era su última oportunidad β€”. Quiero sentirte.
    
    Markus no necesitó que se lo dijeran dos veces. Con un rugido que parecía salir de lo más profundo de su ser, se hundió hasta el fondo y explotó, su semilla caliente llenándola en pulsaciones poderosas que parecían no terminar nunca.
    
    Agustina cayó sobre el colchón, exhausta pero satisfecha, sintiendo cómo Markus se desplomaba a su lado, su respiración tan agitada como la suya.
    
    β€” Eso fue... β€” comenzó a decir Markus, pero las palabras parecieron fallarle.
    
    Agustina no respondió. En lugar de eso, pasó una mano por su vientre, imaginando las tres semillas que ahora llevaba dentro, cada una de un hombre diferente, cada una con sus propias fortalezas y debilidades.
    
    β€” Perfecto β€” terminó por decir, cerrando los ojos con una sonrisa.
    
    La habitación estaba envuelta en un silencio cálido, solo roto por el sonido de su respiración que poco a poco volvía a la normalidad. Agustina yacía de espaldas, las sábanas arrugadas bajo su cuerpo sudoroso, los muslos todavía temblorosos por el intenso encuentro. Markus estaba recostado a su lado, un brazo detrás de la cabeza, los ojos fijos en el techo como si estuviera contemplando algo más allá de la moldura de yeso. El aire olía a sexo y a colonia cara, una mezcla que se había vuelto familiar en las últimas horas.
    
    β€” Entonces, ¿de qué trabajás? β€” preguntó Markus de pronto, girando la cabeza para mirarla con ...