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¡La Concha de mi Hermana! [10]
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos
... ejecutado, que nos dejó sin palabras. Sabíamos exactamente lo que veíamos. Era obsceno, pero hermoso. Grosero, pero hipnótico. No parecía una simple imagen: parecía una oferta. Katia se giró hacia mí. —Hay que hacer algo. —Tenía los ojos abiertos de par en par, una mezcla de codicia, fascinación y picardía—. Definitivamente quiero ese video. Quiero ver cómo Marcela se mete ese dildo en el orto. Quiero ver cómo se le moja la concha… la quiero ver bien puta. Me quedé quieto. No podía negarlo. Yo también quería verlo. Pero… ¿hacer fotos… o videos? ¿Con Katia? No era que me diera miedo. Bueno, sí… si me da miedo. Es mi hermana. Es lógico que este tipo de situaciones no me gusten, aunque se haga “en broma”. Pero el problema mayor era otro: ese tipo de decisiones no se deshacen. Y ya habíamos cruzado demasiadas líneas. * * * Pasaron dos días. Dos días en los que Katia convirtió su objetivo en una misión de alto nivel: convencerme de hacer esas fotos. No era por mí, decía. Era por el video. El video, con mayúscula. Ese del que no hablábamos directamente, pero que flotaba en el ambiente como un perfume demasiado caro. Ella lo quería. Lo necesitaba. Y yo… bueno, no me resultaba tan fácil decir que no. Pero tampoco me salía decir que sí. El primer intento fue una emboscada. Yo estaba en la ducha, con los ojos cerrados y el agua cayéndome en la nuca, cuando escuché la puerta del baño abrirse. —No te asustes —dijo Katia. Cuando abrí los ojos, ya ...
... estaba adentro. Completamente desnuda. El celular en alto, como si fuera una turista a punto de retratar un paisaje exótico. —Una sola foto. Rápido. Ni se va a notar. Diez minutos más tarde Katia estaba en la mesa del comedor, apuntándole a su celular con el secador de pelo como si fuera una pistola de rayos. La batería descansaba a un costado, envuelta en papel de cocina, como un órgano separado del cuerpo. Ella seguía desnuda y las gotitas de agua ya estaban cayendo en el piso. —Debiste calcular mejor los riesgos —le dije, apoyado en el marco de la puerta, con una taza de café en la mano. —Puede ser. La humedad no es buena para la electrónica —murmuró sin mirarme, seria, sin dejar de apuntar—. Y si no vas a ayudar, al menos traeme una toalla. Estoy mojada y tengo frío. —¿Mojada en qué sentido? Se rió, girando apenas el rostro, con una chispa en los ojos. —¿Será que Abel y Cristian se están fusionando? —Em… ya te traigo la toalla. El segundo intento fue todavía más audaz. Era tarde. Muy tarde. Yo estaba en mi cama, a oscuras, sin ropa, con el celular en una mano y... bueno, usando la otra. Las fotos de Marcela seguían ahí, como una provocación persistente. Y mi verga se había levantado en honor a ellas. El silencio del departamento solo se rompía por el sonido leve del ventilador y mi propia respiración, cada vez más desacompasada. Entonces escuché la puerta del cuarto abrirse. —No te detengas —susurró Katia, ya adentro—. Solo vengo a ...