1. ¡La Concha de mi Hermana! [10]


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... tarden en darse cuenta de quién pintó esto?
    
    Entré al cubículo, suspirando con resignación, y empecé a frotar con fuerza. El labial se resistía. Como todo en la vida cuando se trata de Katia.
    
    Fue entonces que escuché el clic de la tranca. Me di vuelta.
    
    Katia estaba adentro. Con una sonrisa que combinaba complicidad y amenaza.
    
    —Muy bien —dijo—. Te tengo secuestrado. No nos vamos de acá hasta que tengamos algo decente para mandarle a Marcela.
    
    Me quedé paralizado, como un ciervo iluminado por los faros de un camión que se le viene encima. Un camión con dos grandes acoplados.
    
    —¿Estás loca?
    
    —Un poco. Pero también soy persistente. Lo sabés. Me conocés como si yo fuera tu hermana.
    
    Se apoyó contra la puerta como si estuviera en su propio camarín. Yo tenía las toallas de papel en la mano, el corazón a medio borrar, y ninguna ruta de escape digna.
    
    —Vamos, Abel. Vos viste las mismas fotos que yo. Marcela con tremendo dildo en el orto. ¿Me vas a decir que no te matarías a pajas con un video donde ella esté dándose por el culo con un dildo?
    
    —Quizás… —dije, sin mirarla—. Pero la verdad, yo no conozco tanto a Marcela. Me intriga, claro, pero no es lo mismo. Creo que a vos te da más morbo porque la conocés… y porque, admitilo, quedaron cosas pendientes entre ustedes.
    
    —¿Qué? No, nada que ver —se sonrojó de inmediato, como si la hubiera cacheteado el recuerdo—. Solo hubo… toqueteos. No era eso.
    
    —Ah, ¿no? —arqueé una ceja—. Y yo soy el gerente de esta ...
    ... oficina.
    
    —Te digo en serio, Abel. Fue una de esas cosas que pasan. Una noche. Estábamos un poco pasadas de vino. Vos sabés cómo es.
    
    —Sí, claro —dije, apoyándome en la pared opuesta, cruzado de brazos—. Dos amigas que se toquetean un poquito con vino y almohadas perfumadas. Cosa de chicas.
    
    —¡No fue con almohadas! —me miró, indignada, pero se le escapó una sonrisa—. ¿Por qué siempre te burlás?
    
    —Porque te encanta negar lo obvio. Te pones toda colorada cuando hablo de Marcela, pero después te ofrecés como actriz de reparto en una foto porno conmigo… para ganarte un video de ella.
    
    Katia bufó. Se giró de espaldas y apoyó la frente en la puerta.
    
    —No es por ella. Es porque está bueno lo que hace. Tiene… no sé, un talento. Se nota que disfruta. Me da curiosidad, eso es todo.
    
    —Ajá.
    
    —¡Te juro que no es porque me gusta! —insistió, sin girarse—. Además, no quedó nada pendiente entre nosotras.
    
    —No, claro. Solo se manosearon un rato, se rieron, y después se fueron a dormir como si nada.
    
    —¡Exacto!
    
    —No te creo. Pero tampoco te voy a insistir con eso… si vos dejás de insistir con… ¡Hey! ¿Qué hacés?
    
    Katia me empujo, caí sentado sobre la tapa del inodoro. Sin darme tiempo a nada, se arrodilló frente a mí y abrió mi pantalón. Agarró mi verga, como si no hubiera ningún vínculo familiar entre nosotros, y la sacó. Estaba flácida, parecía confundida la pobre, como si se estuviera preguntando por qué alguien la quiere despertar tan temprano.
    
    Sin decir nada, Katia se ...
«12...121314...»