-
¡La Concha de mi Hermana! [10]
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos
... en la silla—. Una cosa es ser psicóloga, otra cosa es estar siempre psicoanalizando a todo el mundo como si vivieras en una supervisión eterna. Algunos queremos comer en paz, no ser interpretados. —¡Y la música! —dijo Katia, levantando una mano—. Esa música de meditación a las dos de la tarde, un miércoles. ¿Quién necesita escuchar flautas tibetanas a esa hora? ¡Estoy tratando de ver dibujitos! —Y la parte financiera —rematé yo—. Cuesta menos que el FMI le dé un crédito a Argentina que lograr que pongas plata sin que haya que convencerte durante horas. Si hasta nos hiciste pagar las milanesas que estamos comiendo. Patricia tomó un sorbo largo de su jugo de limón. Lo dejó en la mesa con una calma que era casi una amenaza. —¿Terminaron? Katia y yo nos miramos. —Por ahora —dijo mi hermana. No sabíamos si habíamos ganado. Pero al menos habíamos empatado. Y en esa casa llena de feng shui, aromas penetrantes y emociones comprimidas, un empate ya se siente como una revolución. —¿Y ustedes qué tal se llevan? —preguntó Patricia, mientras pinchaba una hoja de rúcula con una precisión quirúrgica—. ¿Cómo es la convivencia entre los dos hermanitos? ¿Eh? ¿Ya duermen en la misma pieza? ¿Hacen cucharita? El comentario fue envuelto en sarcasmo, pero nos alcanzó con la contundencia de una verdad incómoda. Katia dejó de cortar su milanesa. Yo me quedé con el tenedor suspendido a medio camino, como si hubiera olvidado el trayecto. —¿Frente a Abel también andás ...
... desnuda? —siguió Patricia, con tono casi pedagógico, como si hiciera una exposición clínica—. Esta chica es alérgica a la ropa. Ya le debés conocer las tetas de memoria. Me miró. Yo bajé la vista. No dije nada. Katia tampoco. —¿Y el cronograma estricto de Abel? —agregó—. Desayuno, almuerzo, merienda y cena… todo a un horario riguroso. ¿Qué tal te llevás con eso, Katia? A vos que te gusta comer salchichas a las dos de la madrugada. El chasquido de los cubiertos al chocar con los platos fue lo único que sonó. Nadie comía. Jugábamos con la comida como si estuviéramos buscando un pasaje secreto en el puré de papas. —Pueden criticarme todo lo que quieran —dijo Patricia, acomodándose el vestido, como si se sacudiera la incomodidad de encima—. Pero con ustedes tampoco se puede convivir. Vivir sola es lo mejor que me pasó en la… No llegó a terminar. Katia se levantó de golpe. Sus ojos brillaban, pero no por rabia. Era otra cosa. Tristeza. Vergüenza. O una mezcla extraña que se parecía mucho al dolor. Salió sin decir una palabra. Cerró la puerta con un portazo que se sintió más como un cierre emocional que como un gesto de enojo. Yo me quedé quieto. Sosteniendo el cuchillo. Mi madre no me miró. Siguió comiendo. Con calma. Con una serenidad de mentira, tan evidente que hasta el feng shui parecía estar incomodado. Pensé en levantarme, en decir algo. Pero no dije nada. Solo sentí que habíamos cruzado un límite. Uno que ya no tenía regreso. Tendré que sumar esta cena ...