-
¡La Concha de mi Hermana! [10]
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos
... familiar a la lista de fracasos en mi vida. * * * La pantalla del tele brillaba frente a mí con ese resplandor azul lavado que tienen los programas de cocina cuando nadie los mira. No prestaba atención. No podía. Tenía el cuerpo tirado en el sillón, una pierna estirada, la otra colgando, y la cabeza todavía rumiando los restos de la discusión. Sonó el celular. Vibración seca, insistente, que parecía tener más urgencia de la que merecía. Cuando desbloqueé, lo primero que vi fue una foto. Ella. Desnuda, desde los pechos hacia abajo. Iluminación tenue, piel dorada por la luz tibia de una lámpara. El fondo desenfocado. Lo justo para sugerir cama revuelta. Se abría la concha con los dedos, la tenía claramente mojada. Respondí con un “Wow” automático. Sin emojis. Sin puntos suspensivos. Ni siquiera un corazón. Tardó menos de un minuto. —Qué poco expresivo, che ¿Te pasa algo? —escribió. Me quedé mirando la pantalla unos segundos. Pensé en mentir. En decir que estaba cansado, que había tenido un día largo. Pero no me dio la energía. —Discutí con alguien —puse—. Estoy de mal humor. No quiero agarrármela con vos. —Yo sé cómo levantarte el humor —dijo, con un emoji que guiña un ojo. Pasaron tres, cuatro segundos. Y llegaron más fotos. Varias. Una en cuclillas, con las piernas apenas entreabiertas. Otra recostada de costado, enfocada desde abajo. Y otra más, de espaldas, con la cabeza girada hacia la cámara. Todas con ese estilo que tiene ella: ...
... iluminación cuidada, mirada sugerida pero nunca directa. Como si no posara para mí, sino para una versión ideal de mí. Apoyé el teléfono en mi pecho y cerré los ojos. No podía decir que no era linda. No podía decir que no me calentaba. Pero algo en mi cabeza seguía trabado. Como una puerta que no encajaba bien en su marco. Quise agradecerle. Tenía que hacerlo. —Gracias. De verdad. Eso fue todo. Las imágenes seguían ahí, brillando contra mi pecho. Pero el calor que traían no llegaba a derretir el nudo que tenía adentro. El celular vibró otra vez. Pensé que serían más fotos, pero no. Era texto. —Por cierto, Cristian… Katia me habló de vos Sentí un cosquilleo en la nuca. De esos que no son placer ni susto, pero que te anuncian que se viene quilombo. Me enderecé en el sillón. —¿Ah, sí? —tecleé— ¿Y qué te dijo? —Que sos un chico simpático, divertido… gracioso… relajado. La pausa que hice antes de leer la siguiente línea fue digna de final de capítulo. Porque esas palabras no eran un halago: eran un espejo torcido. Simpático. Divertido. Relajado. Eso no era una descripción, era un test de Rorschach leído al revés. Eso no era yo. —Nada que ver a Abel, el hermano de Katia —siguió ella—. Me imagino que a él también lo conocés. Trabaja en la misma oficina que vos, ¿no? Ahí me quedé quieto. Como si moverme pudiera disparar una alarma. El corazón me latía con el ritmo de un lavarropas desbalanceado. No podía corregirla. Si decía “yo soy Abel”, se ...