1. ¡La Concha de mi Hermana! [10]


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... yo.
    
    Marcela escribió:
    
    —Más allá de lo desordenada… hay que admitir que Katia está muy buena. Esas caderas no son normales.
    
    Me apoyé contra el respaldo del sillón y sonreí. Esta vez no tenía que fingir tanto.
    
    —Sí, posta. Tiene algo... explosivo —dije—. Como que no sabés si te va a abrazar o te va a estampar contra la pared. Y las dos opciones suenan bien.
    
    Marcela respondió con varios emojis: fuego, diablito, lengua. Luego agregó:
    
    —¿Y por qué no te la cogés?
    
    Sentí el pulso en la sien. Me quedé un segundo con los dedos flotando sobre el teclado. Está pidiendo que me coja a mi propia hermana… aunque, bueno, ella no sabe que es mi hermana. La puta madre. Todo este jueguito de “Cristian” ya me está rompiendo la cabeza.
    
    —No sé —escribí—. Es compañera de trabajo. Como que no da, viste.
    
    Tardó un poco más en responder. Casi como si se tomara un recreo para reírse.
    
    —No seas cagón, Cristian.
    
    Apreté los dientes. Eso es cierto. Cristian no es cagón. Es un pibe copado que habla de frente. Es el que le manda mensajes a Marcela diciendo: “Puta, te voy a llenar la concha de leche”.
    
    —Katia está buscando con quién pasar el rato —insistió—. Pero es tímida. Sobre todo con los tipos. Si la encarás, seguro te dice que sí.
    
    Me quedé mirando el celular. Marcela tenía esa forma de hablar que te hacía pensar que todo era fácil. Que las personas no eran personas, sino puertas abiertas. Sin historia. Sin consecuencias.
    
    Pero Katia no era eso.
    
    No respondí. Solo ...
    ... dejé el teléfono a un lado, sin bloquearlo, con la pantalla encendida. Como si el brillo blanco pudiera distraerme del calor que sentía subiendo por el cuello.
    
    Milagrosamente, Katia apareció vestida. El milagro no es que aparezca, porque no es la Virgen María. Verla vestida ya hasta se me hace raro. Tenía puesta una remera amplia, que le marcaba un poco los pezones, y un short que le marcaba un generoso “cameltoe”, algo que ella parecía ignorar. Se dejó caer en el sillón, justo a mi lado.
    
    —¿Estás chateando con Marcela?
    
    —Sí —respondí, sin mucho ánimo de disimular.
    
    Sin pedir permiso, me sacó el celular de las manos. Sus dedos eran ágiles y su descaro, total. Empezó a deslizar con el pulgar hacia arriba, leyendo la conversación entera.
    
    —Lindas fotos —dijo, casi como si estuviera comentando una receta de cocina—. Hermosa concha ¿no? —Una pregunta que no esperaba respuesta. Después frunció el ceño un poco, hasta que abrió bien los ojos y me miró.
    
    —Epa… ¿así que estoy re buena?
    
    Me puse rojo como si la lámpara del techo hubiera cambiado a modo infrarrojo.
    
    —No iba a poner “tiene una belleza profunda” —intenté explicar—. Tuve que decir algo creíble… para mantener el personaje.
    
    Katia soltó una risa corta y aguda, como un latigazo simpático.
    
    —Tranqui, tranqui, entiendo. Aunque te digo… te quedaste corto. Bastante tibias tus respuestas. Tendrías que haberte zarpado un poco más. No sé, hubieras dicho: “A esa trola le quiero dejar las tetas bañadas en leche”. A ...
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