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Disfruta, Hermana
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Masturbación Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... necesita descansar… igual que ustedes. Los pasos se apagaron con cada escalón. La casa se volvió suave, como si respirara hondo. Marta apagó la luz del pasillo y regresó a la sala. Se acercó despacio, con ese cuidado que nace cuando una casa ya está en silencio, y se sentó junto a Dianey en el sofá. Se quedaron así, un momento, mirando a Nora dormida al pecho. —¿Quieres intentarlo tú? —preguntó Dianey, con voz baja, como si propusiera algo sagrado. Marta no respondió de inmediato. Acarició la espalda tibia de la bebé y la miró con ternura. —¿Crees que no se va a alterar? —No lo sé —respondió Dianey. Dianey dudó un segundo. Luego, con manos lentas, despegó a Nora de su pecho. La bebé gimió bajito, removiéndose, pero no lloró. Marta desnudo su pecho, y Dianey se la entregó, como quien pasa algo que no pesa, pero lo significa todo. Nora tardó unos segundos en acomodarse. Marta, temblando apenas, acercó a la bebé a su pezón. Y entonces, con ese instinto que no se aprende, Nora buscó, encontró, y se aferró. No era hambre. Era vínculo. Ramiro bajó las escaleras en silencio, con pasos lentos, como quien no quiere interrumpir un momento importante. —Las niñas ya están acostadas —dijo en voz baja, asomándose desde el marco. Vio a Marta con Nora en brazos, el pecho descubierto, la bebé aferrada a ella como si la conociera desde siempre. Dianey a su lado, en calma, con los ojos húmedos pero sin lágrimas. Ramiro no preguntó ...
... nada. Solo se acercó y se sentó frente a ellas, en el sillón individual, con la confianza de quien sabe que está exactamente dónde debe estar. Con la certeza tranquila de una familia que, aunque no empezó como otras, ahora se sostenía en algo más fuerte que la sangre: la decisión de quedarse. Se hizo un silencio breve, lleno de significado. Nora suspiró aparentemente dormida, pegada al pecho de Marta. Ramiro las miró —a las tres— con una expresión suave, casi agradecida. —Quiero ver —dijo Dianey, en voz baja. Y aunque sus propias palabras la sorprendieron al salir, Marta y Ramiro las entendieron de inmediato. No había pudor, ni incomodidad. Solo una necesidad íntima de pertenecer aún más. Marta asintió despacio y buscó la mirada de Ramiro. Él, sin decir nada, sacó la verga ya erecta de su pantalón. Con mucho cuidado, se acercó a Marta apenas un poco, lo justo para que Dianey pudiera mirar su pene en toda su extensión. —Nunca pensé que … fuera tan inmenso —susurró Dianey. Marta la miró con el mismo morbo de aquella noche. Acarició el cabello de Nora, que seguía aferrada a su pecho con esa paz que solo encuentran los que han sido salvados a tiempo. Entonces Dianey, con la voz entre cortada y la mirada fija en su hija, murmuró: —Acércasela a ella —dijo, señalando a Nora. Ramiro no preguntó. No dudó. Con la delicadeza de quien entiende que ese gesto era más que físico, ladeó ligeramente su cuerpo, acercando su verga a la bebé. Nora, con los ojos ...