1. Disfruta, Hermana


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Masturbación Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... a las niñas en el patio. Nora dormía, envuelta en una mantita rosada, sobre mi pecho.
    
    Paola nos pidió que relatáramos los hechos desde el principio. Tomó apuntes mientras yo hablaba. Luego le mostré las recetas médicas, los informes del pediatra, las fotos del parque, la denuncia, y hasta el papel donde anoté el día en que empecé a llamarla Nora.
    
    Ella revisó todo con paciencia.
    
    —¿Cómo ha sido la adaptación? —preguntó.
    
    —Lenta. Pero estable. Cada día un poquito más. Ya acepta comida… aunque sólo una fórmula específica.
    
    —¿Y en cuanto al apego?
    
    Me miró directo. Dudé. Luego hablé.
    
    —Hay algo que debo contarle. No sé si es común, o si está mal. Pero Nora solo se calma si… si entra en contacto con mi pecho. No por alimento, claro. Pero lo necesita. Como si en ese gesto encontrara el mundo más seguro.
    
    Paola dejó de escribir. Me miró con suavidad.
    
    —Eso es completamente normal, señora Dianey. No se preocupe.
    
    —¿De verdad?
    
    —Sí. A esa edad, y especialmente en casos con historial de negligencia afectiva, el acto de succionar no está únicamente relacionado con el alimento. Es una forma de autorregulación emocional. Un sustituto seguro. Usted no está malcriándola. Le está ofreciendo contención.
    
    Respiré hondo. No sabía cuánto había estado esperando oír eso.
    
    Paola cerró su carpeta.
    
    —He visto muchas situaciones de abandono. Muchas. Lo que más necesita una niña en este estado es eso mismo que usted está haciendo. Presencia. Piel. Constancia.
    
    Marta ...
    ... sonrió, con los ojos brillantes.
    
    Yo no pude responder. Solo la miré.
    
    Antes de irse, Paola añadió:
    
    —El proceso legal sigue. Aún no hay una decisión definitiva. Pero puedo adelantar algo: hay consistencia. La niña responde a su voz. Se calma con usted. Está en mejores condiciones. Y eso, créame, tiene peso.
    
    Nora se movió en mi pecho.
    
    Apretó los labios. Se acomodó. Chupo de mi pezón
    
    Y siguió durmiendo.
    
    Esa noche, por primera vez, me permití pensar en el futuro con ella sin miedo.
    
    Pero una noche posterior, todo se salió de control. (Narrado en tercera persona)
    
    Dianey estaba con fiebre. Nada grave —un virus estacional, decían—, pero el cuerpo le dolía, y los médicos le habían recetado reposo absoluto, líquidos y analgésicos.
    
    —Ni cargues peso —le dijo Marta, mientras la arropaba en el sofá.
    
    —Ni te acerques a la bebé si estás sudando así —añadió Ramiro, con su voz más seca pero protectora.
    
    —¿Y si llora?
    
    —Nos encargamos nosotros. Descansa.
    
    **
    
    A las dos de la madrugada, Nora se despertó llorando.
    
    No el llanto común. Era uno de esos gritos guturales, antiguos, de miedo.
    
    Marta intentó calmarla. No quiso biberón. No quiso fórmula. No quiso brazos.
    
    Dianey se levantó tambaleando desde la sala, con la blusa abierta y los pechos descubiertos.
    
    La fiebre la tenía empapada. El rostro pálido. Los ojos encendidos.
    
    —Déjenme intentar… —dijo, arrastrando los pies hacia el llanto.
    
    —No —la frenó Ramiro con firmeza—. Estás empapada en fiebre. ...
«12...456...12»