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De entrega inmediata, con el chofer de mi esposo
Fecha: 10/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Daniela, Fuente: CuentoRelatos
... sillón ejecutivo de mi marido, y yo como su puta secretaria, le mamaba la verga; como si él fuera mi jefe y yo la golfa de la oficina. Su verga dura me prometió más placer… ―Espera aquí mi vida, no tardo, quiero que me cojas hasta dejarme harta de tanta verga… Ahora vuelvo… ―él se quedó quieto, algo sorprendido, pero se quedó allí, siguiendo el contoneo de mis nalgas y viéndome desaparecer a la puerta que da a la habitación principal. Rápidamente fui a mi recámara, me puse un liguero negro, medias negras y zapatillas de tiras de mis favoritas, claro, sin pantaletas. Me vestí estilo ejecutiva, falda y blusa; me maquillé como una puta y perfumándome mucho el “asunto”, regresé a donde estaba el chofer de mi marido, que al verme no pudo más que alegrarse de lo que veía. ―Siempre he querido ser la puta a la que se coge su jefe, ahora tu eres mi jefe… ―le dije descaradamente y mostrando mi tremendo trasero, levantando mi falda para mostrarle mis duras y redondas nalgas, enmarcadas en las medias y mi liguero negro. Dándome la vuelta le dije muy coqueta… ―¿Se le ofrece algo licenciado?… ¿Quiere tomar alguna cosa en especial?… ―al tiempo que sonreía y le insinuaba mis apetitosas tetas, que casi escapaban de mi blusa y mi voluptuoso trasero. Siguiéndome la corriente, mi nuevo amante se dejó llevar por la comedia que representábamos. ―Venga aquí Daniela, que le voy a dictar… ―Si licenciado… ―¿Qué espera Daniela?, tomé asiento… ―¿En dónde licenciado, si no ...
... hay ninguna silla?… ―¡Hija de la chingada, siempre has querido sentarte en una estaca y aquí la tienes cabrona!… ―dijo señalándome su enorme verga que cabeceaba con vida propia. ―¡Ay licenciado, creo que se equivoca!… Yo soy una mujer casada y muy recatada, no soy ninguna piruja… Pero ya que insiste, lo complaceré, pero por favor no vaya a pensar mal de mí, y el hecho de que me siente en su verga no quiere decir que sea una puta… Rodeé el escritorio y de inmediato sentí una fuerte nalgada, justamente cuando me sentaba en la tranca de mi supuesto jefe, que estaba totalmente desnudo y con su verga bien parada. Levantando mi falda me senté en su verga sin metérmela y empecé a mover mi trasero. Al sentir el contacto con mis nalgas, Julio emitió un gemido; me imaginé que nunca en su disipada vida, había tenido a una hembra tan nalgona como yo, sentadota en su verga y creyéndose mi jefe. ―Que culona está usted, señora Daniela, y que aroma más exquisito despide su cuerpo… ―¡Ay licenciado, no se mueva tanto que me está picando las nalgas con su cosota!… ―Se ve que no te han cogido en mucho tiempo, Danielita… ―Si licenciado, el pendejo de mi marido ya no puede y me abandona mucho, ¿usted cree? Es un imbécil, a veces creo que no le gusto… ―Pues si que tu marido es pendejo, mira que dejar este culito sin su ración diaria de verga, pero ahora ya no será así, yo te cogeré cada que ese pendejo no lo haga… Tú serás mi puta desde ahora. ―¡Ay licenciado, pero usted ...