1. Haruna La Dragona y el Rey Henet


    Fecha: 17/01/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... nada, no tenía el valor... y lo odiaba
    
    Haruna se desplomó en el suelo, alejándose del lecho donde Henet seguía durmiendo, esa sonrisa estúpida todavía en su rostro.
    
    Con una pierna doblada contra el pecho y la otra estirada, se llevó una enorme pieza de cerdo a la boca y desgarró la carne con furia, como si fuera el cuello de él. Con la otra mano, levantó la jarra de cerveza y bebió a grandes tragos, dejando que el líquido ámbar le resbalara por la barbilla, mezclándose con las lágrimas silenciosas que ardían como veneno.
    
    "A la mierda las etiquetas. A la mierda los modales."
    
    El alcohol no apagaba el fuego dentro de ella, solo lo avivaba. Porque la verdad era simple: Henet la había quebrado.
    
    No solo su cuerpo. Su orgullo. Su espíritu guerrero. Su linaje dragón. Todo lo que alguna vez la hizo intocable, invencible, ahora yacía manchado por las manos de ese humano.
    
    Y lo peor… Ella no había podido detenerlo. No por falta de fuerza. No por falta de ira. Sino porque, en algún momento entre el dolor y el placer, algo dentro de ella se había rendido.
    
    Haruna no lo tocó. No lo arañó, no lo escupió, no lo incendió. Solo se arrastró de vuelta a la cama, lejos de él, y lo miró.
    
    La sonrisa de Henet seguía ahí. Tonta. Satisfecha. Como si ya supiera que, al final, ella volvería y eso quemaba más que cualquier lágrima.
    
    Pero el cansancio era más pesado que el odio, y el alcohol nublaba su mente. Así que, con un último gruñido ahogado, cerró los ojos.
    
    Tiempo ...
    ... después…
    
    La habitación ancestral de Haruna olía a cedro y recuerdos. Paredes talladas con runas draconianas, armaduras de sus ancestros brillando en la penumbra. El contraste era brutal: aquí, donde una vez fue princesa, ahora se arrodillaba ante un rey humano.
    
    Henet desabrochó su cinturón con lentitud deliberada, el cuero crujiendo como un látigo en el silencio. Sus ojos café, siempre tan desconcertantemente calmados, no se apartaban de ella.
    
    —“Dije. De. Rodillas.”
    
    Haruna sostuvo su mirada, los músculos de su mandíbula temblando. Podía oler la hierba de las montañas por la ventana abierta, escuchar los cantos de celebración lejanos. Pero… (Ella sabía la verdad: esta guerra era solo de ellos dos.) Sus rodillas golpearon el suelo de piedra. Frío. Duro. Humillante.
    
    —“Buena chica”, murmuró Henet, acariciándole la mejilla con el dorso de los dedos.
    
    Ella apartó la cara, las escamas de su cuello erizadas: —“No soy tu maldito perro.”
    
    Él sonrió. Un destello de dientes en la oscuridad. —“No.” Su mano se detuvo en su barbilla, obligándola a mirar hacia abajo mientras el pantalón caía a sus tobillos. —“Eres algo mucho más valioso.”
    
    La punta de su miembro, ya medio erecta, rozó sus labios. El aroma a sal le llenó las fosas nasales.
    
    —“Abre.”
    
    Haruna cerró los ojos. Renegó. Maldijo su sangre que no se alzaba en llamas. Maldijo sus manos que no lo destrozaban. Pero sobre todo, maldijo ese calor húmedo entre sus piernas que traicionaba cada palabra.
    
    Y obedeció.
    
    Al ...
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