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Secretos De Oficina
Fecha: 19/01/2026, Categorías: Lesbianas Autor: AndyStories, Fuente: TodoRelatos
... una gota recorría mi muslo. Entonces empezó a hacer un movimiento circular, haciendo que nuestros clítoris se estimularan mutuamente, mientras soltaba pequeños gemidos mirándome a los ojos. Mientras sostenía mi pierna y la apretaba con fuerza, ponía su otra mano en mis pechos, apretándolos y jugando con ellos. Ella dirigía, y yo, que había iniciado todo esto creyéndome la dominante, terminé obedeciendo cada orden, cada pausa y cada gesto suyo. Todo lo que ella quisiera para generarle placer. Ese rol tan sumiso me tenía ardiendo por dentro, pero me gustaría haber llegado a ese momento de otra forma. Empezó a aumentar la velocidad de su cadera. Presentí que estaba a punto de terminar, así que tomé su cintura y la presioné hacia mí. Quería sentir cómo nuestros fluidos se mezclaban. Soltó mi pierna y se recostó sobre mí, estimulando su centro en mi muslo, y con su muslo estimulando el mío. Puso su mano en mi cuello, gimiendo en mi oído, hasta que me susurró algo: —Pídeme perdón. Yo no pude evitar hacerlo; ella era quien mandaba, y yo tenía que compensar lo que había hecho. Entre ...
... suspiros y jadeos, mis disculpas salieron de mis labios. Raquel, al escucharlas, decidió besarme, para después llegar al orgasmo juntas. Se recostó a mi lado, ambas mirando al techo en silencio, y así quedamos unos minutos, hasta que decidió romperlo. —Lo que acaba de pasar en esta habitación se queda en esta habitación. Y si, por lo que sea, algo se llega a saber en la oficina, yo me encargaré de que estés fuera al día siguiente. ¿Entendido? Yo me quedé en shock. Irónicamente, la situación se había dado vuelta, pero no me quedó nada más que aceptar: ahora quien estaría bajo chantaje sería yo. Nos vestimos y salimos de la habitación. Pasamos por la recepción saludando al chico de antes, Raquel con su mano en mi hombro, siguiendo la mentira de que éramos madre e hija. Salimos del motel, para después seguir caminos separados. Los siguientes días fluyeron con normalidad, al menos por parte de mis compañeros. Los rumores y chismes seguían en el ambiente, pero por mi parte no hubo una sola palabra más del tema después de esa noche. No hacía falta: yo ya sabía a quién le debía el silencio.