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Mamá, ¿por qué estás desnuda? (8)
Fecha: 19/01/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... intentara rastrear el sueño, y luego se rió para adentro, apenas moviendo los labios. —Siento que fuimos muy intensos anoche, —dijo, con una sonrisa torcida. No supe si lo decía por el acto en sí o por los límites cruzados durante nuestra sesión sexual. —¿Tienes clase hoy? —preguntó, cambiando de tema tan rápido que me cortó las ideas. —Más tarde, —le dije, y bajé la mirada. Lo siguiente que sentí fue el roce de sus dedos en mi brazo, subiendo en caricias suaves y distraídas. Casi podría jurar que ni pensaba en ello. Por fin, mamá se incorporó. El movimiento la dejó con la espalda erguida y el torso desnudo frente a mí. Sus pechos, que nunca me habían parecido especialmente grandes, ahora colgaban con una gravedad blanda y hermosa. Los pezones eran oscuros, redondos, perfectos. Al darse cuenta de que la miraba, mamá soltó una risa breve. —¿Qué pasa? —preguntó, con una expresión genuina de no saberlo. —Nada, —dije, pero el calor se me subió a la cara. Ella se levantó, dejando la sábana atrás, y fue directo al baño sin taparse. Su culo era una obra de ingeniería: fuerte, ovalado, con hoyuelos en las nalgas y una línea de sudor bajando por la columna. El vello púbico —negro y tan abultado como lo recordaba— le dibujaba una sombra extraña entre las piernas. Cerró la puerta tras de sí y me dejó solo en la cama. Me quedé mirando el techo, sin saber si debía vestirme o no. Me olí la piel y supe que ese olor ya no me iba a abandonar nunca. Cuando mamá ...
... volvió, lo hizo con el pelo mojado y el cuerpo envuelto en una toalla. —Te toca, —dijo, y me lanzó una sonrisa de esas que parecen tener años de historia detrás. Me metí a bañar como si nada fuera raro. Y es que, después de la noche anterior, ¿qué podría serlo? Cuando me fui a la universidad, mamá se despidió con un beso en la mejilla. Éramos, de nuevo, una familia normal. Pero ¿por cuánto tiempo? El trayecto hasta la facultad lo pasé pensando en todo y en nada. Vi el reflejo de mi cara en la ventana del metro y me pregunté si era posible que los demás notaran lo que acababa de hacer, como si el incesto dejara una marca visible en la piel. Pero nadie me miró distinto. Así fue todo el día: una sucesión de imágenes en mi cabeza, de recuerdos sensoriales tan vívidos que se sentían más reales que la vida misma. Volví a casa a eso de las cuatro. Mamá estaba en la sala, mirando la tele con las piernas cruzadas y una camiseta larga que apenas le tapaba el culo. Me saludó con un gesto vago de la mano, como si acabara de regresar de un viaje de negocios. —¿Cómo estuvo la escuela? —preguntó. —Bien, —mentí. Se quedó viéndome por un segundo, con los ojos entornados, como si quisiera preguntarme algo importante. Pero no dijo nada. Siguió viendo la tele. Yo me fui a mi cuarto y me quedé acostado en la cama. A la hora de la cena, mamá preparó pasta y la sirvió en dos platos humeantes. Comimos en silencio, solo interrumpido por el sonido de los tenedores y el ...