1. Mamá, ¿por qué estás desnuda? (8)


    Fecha: 19/01/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... golpeteo de la lluvia contra la ventana.
    
    Al terminar, mamá lavó los platos y, sin previo aviso, me tomó de la mano y me llevó al sillón. Me sentó a su lado, cruzando las piernas sobre mis muslos, y me miró con una ternura antigua, de esas que solo existen en las películas de los ochenta.
    
    Me pregunté si acaso existía la posibilidad de repetir los hechos de la noche anterior. Pero estaba aterrado sólo de pensarlo.
    
    Al día siguiente, apenas crucé la puerta de la casa, supe que algo raro se cocinaba. No porque hubiera olor a comida, sino por la energía eléctrica que vibraba en el ambiente.
    
    Patricia me esperaba sentada en el sillón, pero no en posición de persona normal, sino con las piernas en modo mariposa y las manos apretadas una contra otra, como si acabara de robar algo y estuviera esperando su condena.
    
    Me detuve en seco.
    
    —¿Todo bien? —pregunté, dejando la mochila en el suelo.
    
    Ella alzó la mirada. Sus ojos eran enormes, pero también hermosos.
    
    —¿Puedes venir? —dijo, señalando el espacio a su lado.
    
    Caminé hasta el sillón y me senté, con el corazón latiendo como ladrón en medio del atraco, esperando que, por fin, todo lo que habíamos hecho se convirtiera en drama, gritos, demandas o, peor, en una de esas conversaciones largas y culebreras donde hay que analizar cada centímetro del alma hasta llegar al fondo del abismo.
    
    Pero no.
    
    Patricia respiró hondo, inflando el pecho como un globo, y luego exhaló con un silbido largo.
    
    —Tengo que contarte ...
    ... algo. Pero prométeme que no vas a juzgarme —dijo.
    
    Contuve el aliento.
    
    —No voy a juzgarte, mamá —le respondí, con tono solemne.
    
    Ella sonrió, pero la sonrisa le temblaba en los labios.
    
    —A ver… ¿recuerdas cuando fuimos a la sex shop? Y que… —hizo un ademán vago, como si no supiera si el verbo correcto era “comprar” o “profanar”— que nos llevamos todo ese montón de juguetes.
    
    —Ajá.
    
    —Y que después… bueno, después probamos varias cosas juntos —dijo, bajando la voz hasta casi el susurro.
    
    —Ajá, —repetí, y sentí que la palabra se me quedaba atascada en la boca como un hueso de pollo.
    
    Patricia se mordió el labio y cerró los ojos un momento.
    
    —Pues… Hay otra cosa que siempre he querido probar. Pero me da un poco de vergüenza decirlo.
    
    De todas las posibilidades que cruzaron mi mente en ese instante, ninguna me preparó para lo que dijo después.
    
    —Quiero ir a la playa.
    
    Al principio pensé que era una broma. O, mejor dicho, quise pensar que era una broma. Pero su cara no era la de quien acaba de soltar un chiste.
    
    —¿A una playa?
    
    —Sí, no está lejos, tenemos el tiempo y con mi aumento de sueldo podemos costearlo muy fácilmente…
    
    —Pero… ¿a una playa específica entonces? — sí, mi pregunta era estúpida, pero en mi defensa, después de todo lo que había pasado me parecía una broma de mal gusto.
    
    —Es un lugar genial, poco concurrido, lindo, en contacto con mucha naturaleza… — pausa dramática, para soltar la bomba. — Y es una playa nudista.
    
    —¿Una playa ...
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