1. Mamá, ¿por qué estás desnuda? (8)


    Fecha: 19/01/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... nudista? —repetí, haciendo eco como un idiota.
    
    —Sí, una playa nudista —confirmó, ahora con la mirada fija en la alfombra—. Siempre he sentido curiosidad. No por ir sola, claro. Ni por conocer a gente rara ni nada de eso. Simplemente… no sé. Quiero saber qué se siente.
    
    Tuve que procesar la información por varios segundos. Imaginé a mamá, con su cuerpo de atleta cuarentona y ese culo de leyenda, caminando por la arena bajo la mirada de docenas de extraños, todos ellos igual de desnudos.
    
    —¿Y… por qué me lo cuentas? —pregunté.
    
    Patricia dudó apenas, luego se encogió de hombros.
    
    —Porque… sólo podría hacerlo si voy contigo.
    
    —¿Yo? —dije, sin poder ocultar mi estupefacción—. ¿Por qué yo?
    
    —Porque sólo contigo me siento segura. Y… —pausa larga, con el color subiéndole a las mejillas—. Y después de todo lo que hemos hecho juntos, ¿no sería lo más lógico?
    
    No lo era, pero tampoco lo contradije. En vez de eso, me quedé callado. Miré mis manos, las líneas de mis nudillos, la piel reseca. Sentí el pulso martilleando en las venas.
    
    La idea me intrigaba.
    
    —¿Y dónde es eso? —pregunté, tratando de ganar tiempo.
    
    Patricia se iluminó.
    
    —Hay una a pocas horas. Pero está lejos. Bueno, no, lejos no. Hay que viajar como cinco horas y luego tomar varios caminos. Es… bueno, es complicado.
    
    —¿Y ya lo investigaste? —dije, fingiendo molestia para no delatar lo rápido que había aceptado la idea.
    
    —Sí, llevo años investigado —confesó, ahora sí con una sonrisa grande—. Pero ...
    ... nunca me animaba a decirle a nadie.
    
    Había algo adorable en la vulnerabilidad de mamá. En la manera en que sus hombros, tan acostumbrados al peso del mundo, por fin se relajaban al soltar el secreto. De repente, toda la tensión de la tarde se evaporó. Me sentí más cerca de ella que nunca.
    
    —¿Y qué se hace en una playa nudista? —pregunté, con un dejo de sarcasmo.
    
    —Pues… supongo que lo mismo que en una normal, pero sin traje de baño —dijo, y la risa le vibró en la garganta como un ronquido dulce—. No sé. Nunca he ido.
    
    —¿Y cuándo quieres ir? —pregunté, ya sin poder ocultar la curiosidad.
    
    —Podemos ir este mismo finde, nos vamos el viernes como a las 5…, —dijo. Y por primera vez la vi titubear—. Pero si no quieres, no pasa nada. Puedo entenderlo.
    
    Me dio lástima pensar que, por un segundo, creyó que la iba a rechazar.
    
    —Si tú quieres, yo voy —le dije, y apenas lo dije, vi cómo el alivio la inundaba. Se le notó en la piel, en los ojos, en el brillo de los dientes cuando sonrió.
    
    —¿En serio? —preguntó, como si el milagro no fuera completo hasta que lo escuchara dos veces.
    
    —Sí, mamá. Vamos.
    
    El resto de la tarde se fue en planear el viaje. Buscamos en Google, vimos fotos de la playa (que, para mi sorpresa, parecía tan normal como cualquier otra, salvo por los cuerpos al natural desperdigados en la arena), leímos reseñas de viajeros que decían cosas como “el mejor lugar para reconectar con tu esencia” o “el respeto es absoluto”.
    
    Cuando Patricia leyó la frase ...
«1...345...8»