1. Mi Loredana.


    Fecha: 22/01/2026, Categorías: Incesto Masturbación Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30

    La primera vez que sucedió fue hace algunos meses. Me había despedido de mi hija Loredana de dieciséis años, ya que tenía un viaje a la ciudad de Arica, en el norte de Chile. Soy camionero, poseo un Volvo FH16, pero desafortunadamente me encontré con problemas mecánicos que debía solucionar a la brevedad para volver al trabajo. Por este motivo tuve que dejar el camión en el taller y regresar a casa antes de lo planeado.
    
    Era pasado mediodía cuando subí a cambiarme ropa, pase por la puerta de Loredana y oí algo que me hizo detenerme a escuchar.
    
    —¡Aaahhh! … ¡Ummmmmm! … ¡Ooohhh! … ¡Hmmmm! … ¡Aaaahhhh! …
    
    Inmediatamente reconocí esos sonidos, estaba seguro de saber de que se trataba. También yo los había hecho de vez en cuando, quizás no en la forma tan erótica en que la escuchaba a ella. Jalando mí pene en las noches de soledad, recordando a mi extinta esposa desaparecida con el Covid-19.
    
    Siempre me ha gustado masturbarme. A decir verdad, no es que haya tenido mucho sexo. Me casé muy joven, mi mujer era una exreina de belleza, así que los dos primeros años de matrimonio follábamos como conejos, después nació Loredana y decidimos no tener más hijos, yo me hice una vasectomía y seguimos disfrutando de la vida. Hasta cuando la pandemia decidió separarnos. Desde entonces he recurrido a mis manos para autosatisfacerme, logré juntar el suficiente dinero para comprar un segundo camión y tengo planes para un tercero y un cuarto en los próximos cinco años. Soy bueno en lo que ...
    ... hago.
    
    Ahora afuera de la habitación de la puerta cerrada de mi hija, parecía evidente que ella también se autosatisfacía, el único sonido que provenía de su cuarto era el de ella. Lo sé que toda adolescente llega a esa etapa de la vida, pero esta era la primera evidencia directa que tenía de ello. Y me sentí fascinado. Sabía que debía alejarme y respetar su privacidad, pero no tuve la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo.
    
    Tuve que quedarme y escuchar. Estaba deslumbrado y sentí una especie de encantamiento al escuchar sus sicalípticos suspiros y vagidos. De repente se me ocurrió pensar, ¿Qué tal si ella no estuviera sola? ¿Podría haber alguien teniendo sexo con ella en su dormitorio? ¿Será un niño? ¿Tal vez una niña?
    
    Escuché atentamente, me acerqué más y apoyé mi oído contra la puerta; pero no pude escuchar a nadie más que a ella. No había otras voces, ningún otro sonido excepto el de Loredana. Ella estaba sola y se masturbaba. Ahora sí que debería alejarme, pensé.
    
    Pero seguí pegado allí. Me quedé a escuchar un poco más. Escuché la agitada respiración, los gemidos, quejidos y gruñidos. Incluso podía oír el chapoteo húmedo de sus dedos follando su coño mojado. Tal vez era solo mi imaginación, pero podría jurar de que yo podía oírlo. Y eso me hacía volverme loco de caliente.
    
    Nadie puede saber cómo ni cuándo suceden estas cosas. ¿Esta mal? ¿Esta bien? ¿Quién podría decir que esto no lo excitará? ¿Cómo no excitarse escuchando a una chica que se masturba aún ...
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