1. Mi Loredana.


    Fecha: 22/01/2026, Categorías: Incesto Masturbación Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30

    ... enterarme por mí mismo.
    
    La cosa se fue complicando con Loredana, porque no fue solo esa vez que la escuché ensimismada a darse placer. También esos hechos se repitieron y, no por la tarde, sino por la noche. Después de darle las buenas noches, me iba a mi cuarto para prepararme para dormir, luego de esperar una media hora, salía de mi habitación al pasillo y me colocaba fuera de su puerta para escuchar lo que sucedía dentro. A veces no sucedía nada, no había ningún sonido ni ruido extraño, pero la mayoría de las veces oí lo que esperaba escuchar, mi hermosa hija masturbando su coño adolescente.
    
    También lo hice yo mientras la escuchaba emitir todos esos rumores, gemidos, susurros, quejidos y uno que otro chillido, mientras follaba su coño con sus dedos. Mi verga se ponía dura como el granito y me masturbaba al mismo tiempo que ella, a veces incluso trataba de controlar mi eyaculación al momento en que ella con profundos gemidos y suspiros se corría en la intimidad de su dormitorio murmurando incompresibles vocablos.
    
    Sabía que no estaba bien que yo la espiara y que era complicado hacerlo. ¿Cómo podría explicarlo si ella de repente abriera la puerta y me encontrara con mi polla en mano? Era un riesgo, pero ya no me importaba. Valía la pena escucharla y al parecer ella ignara de todo, no se preocupaba de lo que sucedía a su alrededor.
    
    Esto continuó por algunos meses. Casi todas las noches cuando estaba en casa, la escuchaba afuera de su puerta, y casi todas esas ...
    ... noches escuchaba sus gemidos de placer al alcanzar su orgasmo. Yo afuera de su puerta hacía lo mismo, hasta había comprado unas toallitas desechables donde recibir mi semen eyaculado.
    
    Era muy emocionante y excitante para mí. Cerraba los ojos y la imaginaba desnuda de cuerpo entero acariciando su vientre, sus muslos, sus tetas y su panocha caliente y mojada. A momentos me parecía de estar junto a ella haciéndolo al mismo tiempo, en la misma cama y habitación. Ese solo pensamiento me volvía loco de lujuria. Sé que no estaba bien, sé que no era lo correcto, sin embargo, era la cosa más excitante, lasciva y deseable que me había tocado vivir hasta ahora.
    
    Se había trasformado en un vicio, en una droga y yo era adicto a ella. Más de una vez había prometido de que no lo volvería a hacer, pero poco a poco fui aceptando mi debilidad y cada noche esperaba de volver a sentir todas esas placenteras emociones. Finalmente, me autoconvencí de que estaba bien lo que estaba haciendo, siempre y cuando no fuera más allá que eso, solo una forma de fantasear con mi hija en forma delirante y emocionante.
    
    Inevitablemente llego un momento en que no me bastaba solo tener esta fantasía. No podía limitarme solo a escucharla mientras ella se masturbaba. Yo quería verla haciéndolo. Sé que esa era una idea descabellada, una cosa estúpida y enfermiza, pero mientras más lo pensaba, más me convencía de que no había nada mejor que eso. Debía hacerlo. Era imperativo hacerlo.
    
    Así fue como un día viernes ...
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